El fantasma de la abstención

Por: 03:40 PM 2016-04-09

Serán los candidatos a alcaldes y concejales que participen en las próximas elecciones municipales del 23 de octubre, los encargados de medir qué tan afectada está la ciudadanía respecto de los hechos de corrupción política que se vienen desvelando desde el año pasado.

Nadie duda que serán unos comicios distintos, pese a que algunos confían en el carácter “íntimo” que tiene la elección de los gobiernos locales, y la mayor fidelidad de los electores a la hora de concurrir a las urnas.

El debut del voto voluntario en 2012 no fue auspicioso. Y en el actual contexto de descrédito de la actividad política, la mayoría de los analistas teme que la abstención se incremente.

A estos elementos, hay que sumar otros, como la tibia participación femenina, que no logra despegar pese a las nuevas normas que establecen que el piso mínimo de candidatas mujeres a nivel nacional es de 40%. En Chillán, por ejemplo, en las candidaturas que hoy se barajan para las municipales de 2016, de un total de 43 nombres, solo 13 corresponderían a mujeres, lo que se traduce en un pobre 30,2%.

Otro factor que puede contribuir a una alta abstención es la escasa renovación de rostros, que se expresa en el alto porcentaje de alcaldes y ex alcaldes que competirán en octubre. De los 21 jefes comunales, 19 han confirmado que irán a la reelección y hay, además, al menos 10 ex alcaldes que también inscribirán sus nombres en las papeletas. 

A lo anterior se suma la incomodidad de algunos partidos por la conformación de los pactos electorales y las nuevas reglas de financiamiento de campañas, que de seguro cambiarán el paradigma a la hora de efectuar propaganda, incidiendo, creen muchos, en las posibilidades de atraer al electorado.

Durante las municipales de 2012 se vivió una baja considerable de participación, que en la provincia llegó al 52,4%. En Chillán, incluso, la abstención fue mayor a la participación, con un 57,8%. Es decir, poco más de un 40% de los ciudadanos definió al actual gobierno comunal.

Este año, distintas encuestas arrojan proyecciones en un rango entre 40% y 65% de abstención, cifras muy elevadas si consideramos que el municipio es la institución pública que la gente siente más cercana y gravitante para su vida cotidiana.  

Negarse a participar, entonces, de un proceso democrático para elegir a las autoridades que rigen los destinos de las ciudades equivale a minimizar la instancia de gobierno que tiene por principal misión alcanzar, en el nivel local, el bienestar ciudadano. 

Negarse a participar no solo es apatía, también es desconfianza, es desinterés, es desánimo, es pesimismo y es desencanto. Naturalmente, entre los factores de este estado, figura el desempeño de los líderes políticos, pero también un marcado individualismo de nuestra sociedad, que ha relegado a un último plano la mirada colectiva y del bien común. 

Como un círculo vicioso, dicha desesperanza que se traduce en apatía electoral no solo reduce las posibilidades de cambio, sino que facilita la mantención del status quo que tantas insatisfacciones genera y a la larga, desencanto. 

Ante este incierto panorama han vuelto a aparecer ideas para incentivar la participación, como el voto remoto o el voto electrónico, o incluso echar pie atrás y volver al voto obligatorio, pero finalmente, la voluntad popular reside en una decisión individual motivada por el deseo de hacer valer un derecho. Un derecho que se debe ejercer cuando existe conciencia cívica, y que en el caso de las elecciones municipales constituye la única herramienta de participación efectiva que hoy tenemos para incidir en el gobierno de nuestras comunas. 

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