Riqueza biológica

Por: La Discusión Fotografía: Mauricio Ulloa 09:05 AM 2017-07-24

Existe total coincidencia en que preservar el medio ambiente es una tarea de todos en las sociedades modernas. En Ñuble sabemos también que hemos sido especialmente bendecidos con nuestras características geográficas y ambientales, con una diversidad pocas veces vista en nuestro país. Con mayor razón, entonces, esta riqueza biológica debe ser cuidada. 

Es por ello que debe preocupar la situación en que se encuentran zonas prioritarias de conservación, como las Termas de Chillán, las reservas Niblinto y Ñuble, los humedales de Pemuco y La Lobería de Cobquecura. En todas ellas se advierte que el desarrollo de actividades económicas puede ser una amenaza, en la medida que no exista una visión que combine la conservación de esos ecosistemas con los emprendimientos que allí se proyectan o que incluso ya son realidad. 

Muchos consideran que esta problemática ambiental es el resultado de la necesaria inversión que necesita la zona para salir del atraso en que se encuentra. Son, a fin de cuentas, los “dolores del crecimiento” que la economía nos llama a aceptar. 

Pero más allá de explicaciones, justificaciones o disculpas, lo cierto es que al observar la situación de la futura región, se constata una importante brecha entre la protección ambiental, y los impactos y la pérdida de biodiversidad que supone la mayoría de las estrategias de apropiación de recursos naturales que aquí se desarrollan. 

Los incendios forestales son un ejemplo reciente de cómo las actividades productivas generan amenazas que pueden tener trágicas consecuencias sobre la biodiversidad.  Otro es las Termas de Chillán, que en muy poco tiempo será un territorio plagado de edificaciones. Un poco más abajo, en Las Trancas, la improvisación y la ausencia de regulaciones para la inversión inmobiliaria igualmente han marcado la pauta. 

Pero no sólo la presión del turismo amenaza a nuestra cordillera y precordillera. La construcción de centrales hidroeléctricas de distinta envergadura, son también parte del inventario de iniciativas que podrían impactar negativamente sobre un área que en 2011 fue declarada Reserva Mundial de la Biósfera. 

Ñuble cuenta con una diversidad biológica sorprendente, pero la magnitud de su superficie y la variedad de ambientes e idiosincrasias obligan a que las acciones conservacionistas no sean exclusivas de pequeños grupos -algunos, incluso, muy ideologizados- sino que sea asumidas por las autoridades y la comunidad local, con la consiguiente creación de capacidades, tanto a nivel profesional como en la ciudadanía. 

La Región de Ñuble nace inmersa en condiciones donde se mezclan la necesidad de diversificar y agregar valor a su matriz productiva, capacidades rezagadas respecto del deterioro ambiental y una creciente resistencia social a la depredación de la naturaleza. 

Se trata, en consecuencia, de un escenario inédito y complejo, pero también de una oportunidad única para instalar un nuevo paradigma en el uso del territorio y que la nueva región debiera interpretar en su estrategia de desarrollo, armonizando los valores de la conservación y las necesidades del crecimiento económico de un modo inteligente y verde.

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