La sexualidad sobre ruedas

Por: Claudio Martínez Cerda 2017-07-21
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

El “Bus de la libertad” que ha circulado por el país no hizo más que develar el desencuentro de un sector (muy minoritario de acuerdo a las encuestas), ultraconservador,  con el pensamiento  de la mayoría de los chilenos  y chilenas que por distintos medios han manifestado  una apertura hacia  temas vinculados a la sexualidad. 

Por el contrario, para quienes han bautizado a esta apertura como la “ideología de género”, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción homoparental, el aborto en las tres causales, entre otros temas,  despierta una pasión pocas veces vista y que probablemente tiene sus raíces en la propia formación de los defensores de la “vida” y la ”normalidad” , que sin lugar a dudas ha dejado insondables intersticios en sus conciencias, donde reina el prejuicio, la intolerancia y falta de empatía por las verdaderas víctimas y afectados por la discriminación y la homofobia. 

Cuesta entender posiciones tan radicales como la de los pasajeros del “Bus de la libertad”, como si las leyes que están aprobadas o en proceso de serlo, obligaran a las mujeres violadas a abortar, o a las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio, o a adoptar a un niño o niña. Es más, presumen que el matrimonio es o debe ser entre un hombre y una mujer porque eso es lo “natural”. Insinúan que los niños adoptados por parejas del mismo sexo estarían expuestos a perversiones y al riesgo de resultar también un  homosexual o lesbiana. Es más, sostienen -faltando a la verdad- que los niños trans sería una imposición del Estado.  

Nada más alejado de la verdad, se trata de que mujeres y hombres tengan la opción de decidir sobre su propio destino, libremente, de ejercer esa libertad sin afectar el bien común. 

En nada afecta al bien común abortar en el contexto de las tres causales, y aún fuera de éstas si fuera legal, si se hace con los protocolos que establece la ley, pues en Chile cada día y cada hora se hacen miles de abortos sin ninguna responsabilidad ni control, donde los que tienen cierta seguridad sanitaria son los sectores de mejores ingresos, amén de ser un buen negocio para determinados profesionales. 

En nada afecta al bien común el matrimonio de personas del mismo sexo y la adopción. Pues bien, se omite por parte de los detractores que los homosexuales y lesbianas son hijos de matrimonios heterosexuales. También se omite que los abusos a menores se producen mayoritariamente al interior de familias “normales”, es decir compuestas por un hombre y una mujer. O que muchos niños adoptados por parejas homoparentales están mucho mejor que en manos de madres y padres drogadictos que los abandonan tempranamente en un miserable hogar donde son maltratados con riesgos incluso de sus vidas, como hemos tomado nota de forma dramática los últimos días. 

Ha llegado la hora de ponerse por un momento en el lugar de quienes sufren discriminación y abandono, de dejar de lado las convicciones personales cultivadas muchas veces al amparo de una creencia religiosa inculcada desde siempre, para avanzar hacia  un estado laico, más solidario y menos egoísta y por tanto en donde la hipocresía deje lugar a los hechos y a la realidad.

Comentarios