Fusión de escuelas

Por: 08:35 AM 2017-07-19

Pese a que nadie duda de que es el próximo paso que debe dar la Municipalidad de Chillán, la fusión de escuelas ha sido por años una realidad que se ha tratado de posponer artificialmente, utilizando argumentos que no parecen tener sustento técnico, privilegiándose temas subjetivos como la protección de comunidades escolares que, sin embargo, ocupan en algunos casos recintos deteriorados que no pasarían revisiones de la Superintendencia de Educación. 

Probablemente, las fusiones se producirán más por la fuerza de los hechos que por el convencimiento de las autoridades, en especial de los concejales, que hasta ahora han rechazado las integraciones de escuelas cercanas entre sí. 

Actualmente, la municipalidad tiene la posibilidad de avanzar en el cierre de al menos cuatro escuelas urbanas con baja matrícula y deficiente infraestructura y unirlas con otras que poseen mejores edificaciones y en algunos casos una cantidad de estudiantes superior o muy similar. 

Entre las opciones que baraja la municipalidad se cuentan las fusiones de las escuelas Amalia Saavedra con Portugal; El Tejar con José María Caro; Israel con Rosita O’Higgins y el futuro Grupo Escolar de Collín y Quilamapu con Reyes de España.

Se suma a lo anterior, la integración de Los Héroes con el Grupo Escolar -que desde el terremoto de 2010 funciona en el Liceo de Hombres- y con la Escuela Gabriela Mistral, cuya capacidad en su ubicación actual quedaría sobredimensionada para el nivel de matrículas proyectado. 

Hasta ahora solo dos directores de establecimientos municipales se han mostrado a favor de las fusiones. El resto evita hablar del tema, amparado en instrucciones emanadas desde el Daem, que hasta ahora ha tenido una actitud ambivalente y poco clara sobre esta medida que se discute al interior de ese organismo hace cuatro años y cuya pertinencia fue confirmada por un estudio de la red educativa municipal, desarrollado en 2016 por una empresa externa. 

El sistema educacional municipal en Chillán no logra financiarse con los aportes que hace el Estado y requiere cada año transferencias desde el municipio que superan los $2.000 millones. Además, posee una dotación de unos 900 profesores, habilitada para trabajar con unos 20.000 alumnos, pero que solo atiende a los 10.000 que tiene en la actualidad la red de escuelas, lo que da una tasa de aproximadamente 11 estudiantes por profesor. 

En síntesis, actualmente es el municipio el que debe cubrir el gran déficit que se genera año tras año, debido a la disminución de las subvenciones por la caída en la matrícula y una sobredotación docente.

No parece justo, entonces, que la municipalidad, que debe asumir grandes gastos en las materias que son de su responsabilidad (áreas verdes, alumbrado público, salud primaria, recolección y disposición de basura, programas sociales y mantención de infraestructura, entre otros) con acotado presupuesto, deba además subvencionar la educación, limitando su capacidad de inversión y de mejorar la calidad de los servicios que presta. 

En este escenario, la fusión de escuelas parece ser una medida acertada, que no soluciona todos los problemas de la educación municipal, ciertamente, pero sí constituye un primer paso necesario. 

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