Ramón Riquelme quiere publicar sus memorias

Por: Carla Aliaga 11:30 AM 2017-07-09

Al momento de hablar con Ramón Riquelme, revisaba la prensa matutina y se hizo un espacio para atender a las preguntas. El octogenario poeta vive hace más de 40 años en Quinchamalí, pero este crudo invierno lo ha hecho viajar constantemente hasta la casa de una sobrina en Concepción “para abrigar el cuerpo y el alma, es bueno estar en compañía”, confiesa a LA DISCUSIÓN.

Ajeno al estruendo y las figuraciones, la figura mítica del poeta atrae constantemente, a nuevas generaciones de lectores.

-¿Cuando comenzó a escribir?
-Mis primeros textos fueron escritos en el año 1953, pero no se los mostré en ese momento a nadie. Recién en 1965 publiqué una serie de poemas en la Colección El Maitén, en una antología preparada por Jaime Giordano. Además, por esos años asumí un fuerte compromiso con los movimientos políticos y sociales que se estaban gestando en Chile, y como había sido muy aficionado a estudiar los procesos históricos de nuestro país y otras partes del mundo, estaba muy consciente de los peligros que corría con la opción que había elegido.

-¿Hay algo en lo que ha reflexionado en especial en este periodo de su vida?
-Sí, que nací en 1933 y aprendí a leer muy tarde producto de una enfermedad, y cuando aprendí leía todo lo que encontraba, desde El Peneca hasta la revista Topaze que llegaba a la casa no sé por qué. Entonces ahora no quiero desaprovechar ni un minuto de hacerlo. Me gustaría escribir más, pero para eso tendría que tener más recursos y manejar la tecnología que hay ahora. Lo otro que he pensado es que tenemos fama de ser un país de poetas, pero es la pura fama, porque la historia de la poesía chilena está llena de casos trágicos. Lo que la gente joven no entiende es que la literatura es vida, pasión y sangre. Si no fuera así, no habrían existido nuestros grandes maestros. Sin embargo, también es preciso reconocer que se puede escribir desde la serenidad y el intelecto, como lo hicieron algunos creadores de la generación del 38 y del 50 en Chile. La literatura ofrece todas las posibilidades; lo que ocurre es que hay que saber usar el instrumento.

-¿Qué lo motivó a quedarse en Quinchamalí?
-Cuando fue el golpe de Estado en 1973 me acusaron de haber quemado el Teatro Concepción y eso me obligó a estar tres años en la cárcel de Chillán. Mi compañera Tuli Ulloa era de Quinchamalí y mi suegra nos acogió en ese periodo y nos quedamos ahí. Si me hubiese quedado en Concepción o en otro lado no hubiese escrito nada.

-¿Como es su vida en Quinchamalí?
-Mi vida es sencilla, de escritura, hay que trabajar toda la vida, como decía Gonzalo Rojas. También hablo harto con la gente del lugar, que han ido perdiendo su identidad porque es una sociedad en crisis. En mi casa tengo una biblioteca y una pieza donde está mi cama y esos son los lugares que prefiero para escribir y leer. Aún comparto con Pedro Martínez, que es un amigo de Concepción, nos conocimos cuando yo tenía una librería, es un gran lector y aún compartimos. Vivo solo, pero siempre hay personas que me acompañan. 

-¿Sigue escribiendo?
-Siempre estoy escribiendo algo, pero el resultado de este trabajo es bien aventurero. Tengo un libro que se llama “Diario de viaje” y es una especie de memoria del siglo XX. Son experiencias mías y visiones de las cosas que he hecho y de situaciones colectivas. Es difícil, porque tengo mis libros en Quinchamalí, entonces hay que recurrir a la memoria. Quiero publicar mis trabajos, pero depende de mi editor que es el poeta Tulio Mendoza, si no, quedarán en el archivador de la memoria.

Comentarios