Capital deficitario

Por: 08:35 AM 2017-07-06

La experiencia dice que la necesidad de crear una región nace, fundamentalmente, desde las bases ciudadanas. A ello se le pueden sumar muchos otros factores -como geografía, historia, identidad cultural, matriz productiva-  pero si no existe ese capital social, nacerá débil y propensa a enfermedades cada vez más comunes como la cooptación de la acción estatal y la corrupción. 

Lo primero quedó de manifiesto en Valdivia, que se distinguió por la existencia de una diversa malla social que en forma participativa, organizada y unida, expresó tempranamente su demanda regionalista. En Ñuble, en cambio, el impulso inicial fue obra de un grupo de personas que venían de vuelta de la actividad política y gremial y que por lo mismo sintonizó escasamente con instituciones locales influyentes y tampoco atrajo a profesionales calificados, tanto para conseguir esa diversidad social necesaria, como también para profundizar en el análisis y construir así un relato mucho más convocante.

En los años posteriores las cosas no han cambiado sustancialmente, salvo por un relevo parcial en los liderazgos: los desencantados se retiraron y llegaron otros; bien intencionados algunos, otros derechamente oportunistas. 

Esa es la realidad binaria de lo que se observa hoy a nivel de la sociedad civil con el Comité Ñuble Región y también a nivel político, donde operadores de todos los colores se frotan las manos por las “oportunidades” que se abrirán. 

Y esto es también lo que percibe el ciudadano común y corriente, al que le cuesta ver los beneficios que traerá la nueva Región, que ayer dio un nuevo e importante paso, al ser aprobada en sala por la Cámara de Diputados y quedar a dos trámites de convertirse en ley. De hecho, estudios de opinión realizados por la UBB y La Discusión muestran el apoyo que el plan de autonomía concita en la ciudadanía, pero también que existe desconocimiento de lo que ello conlleva. 

De esa ignorancia nace cierto prejuicio, pero también una desconfianza justificada de las fuerzas e intereses que están operando para convertir a la nueva Región, y más precisamente al servicio público, en una bolsa de trabajo y contratos para pagar favores políticos. 

El Gobierno debe tomar nota de este malestar y desinformación ciudadana y despejar cuanto antes las dudas, comunicando a los ñublensinos cómo se verán beneficiados al ser parte de una nueva unidad político-administrativa, como también garantizar que el aparato estatal será ocupado por profesionales escogidos en base al mérito, mediante concursos públicos transparentes. 

Hoy no basta con encabezar celebraciones, posar para la foto o declararse regionalista desde el púlpito. Nuestros líderes políticos deben crear las condiciones para que Ñuble sea una Región con mística y capital social que la respalde. 

Solo cuando se comprenda que la nueva Región y quienes la habitan esperan un compromiso auténtico y se destierren desde su origen el aprovechamiento, las prebendas y el oportunismo, se apreciará la real magnitud del desafío que enfrentamos.  

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