[Editorial] Rescatar la lechería

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 11:15 AM 2016-04-06

La información conocida este lunes, respecto de la eventual venta de la filial chilena de Danone, que tiene su planta productiva en Chillán, generó preocupación entre los lecheros locales, quienes en los últimos años se han enfrentado a un complejo escenario, caracterizado por los bajos precios que paga la industria por la leche fresca en un mercado altamente concentrado, dominado por tres grandes empresas: Soprole, Nestlé y Watt’s, pero que en la Región del Bío Bío se traduce en un gran actor dominante: Nestlé.
La preocupación radica en que Danone se ha convertido en una alternativa importante para los productores locales, lo que supone una mayor competencia en este mercado, y que podría desaparecer si fuera adquirida por una de las tres grandes compañías mencionadas.
De hecho, el 18 de marzo se reactivó la demanda por abuso de poder de compra  y comportamiento anticompetitivo que interpuso la Federación Nacional de Productores Lecheros (Fedeleche) en el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) en contra de Nestlé, Soprole, Watt’s y Prolesur, acción legal que comenzó en 2014 y que por razones administrativas estaba cerrada.
Cuando se interpuso dicha demanda, Fedeleche argumentó que el mercado carece de la necesaria transparencia en la fijación del precio de la leche, el que asegura, no se condice con los valores de venta a consumidores finales ni con los precios internacionales.
A ello se agrega la solicitud presentada por un grupo de parlamentarios ante la Fiscalía Nacional Económica (FNE), para que investigue el mercado así como una eventual colusión en la fijación de los precios.
La realidad en Ñuble, cuya producción representa apenas el 3% del total nacional, ha ido de mal en peor, pues según afirman desde la Asociación de Agricultores de Ñuble, el número de lecherías se ha reducido a la mitad en los últimos 25 años, pasando de 120 a 60, lo que se atribuye precisamente a las imperfecciones del mercado.
Los productores de Ñuble, además de la planta Danone de Chillán y Nestlé de Los Ángeles, también venden su producción a industrias medianas y pequeñas de la zona, como Los Tilos, San Ignacio, Lechería Longaví, San Sebastián, Quesos Boyén y Los Puquios, entre otros.
En este debate, las grandes empresas afirman que los precios que se pagan a los productores reflejan las variaciones de los valores internacionales, y atribuyen la crisis de lecherías en la Región del Bío Bío a la pérdida de competitividad de éstas en un mercado internacional altamente competitivo, donde Chile es un importador neto, y grandes potencias, como Nueva Zelanda, han logrado adaptarse a las condiciones que impone la globalización y el libre comercio.
Más allá de lamentar lo que no se hizo en favor de los productores lecheros en estas casi tres décadas de mayor apertura comercial hacia el exterior, pues no gozaron de la suficiente protección ni del apoyo para fortalecerse y crecer, hoy es momento de mejorar la transparencia del mercado interno, pero a la vez, de avanzar en materia de productividad, transferencia tecnológica, logística y agregación de valor a la producción; pero por otro lado, también es clave fomentar la asociatividad y recuperar el terreno perdido en estos años por la falta de una visión de Estado en este rubro.
Sin embargo, para lograr esos desafíos, es fundamental que las autoridades entiendan que éste es un sector relevante para la economía y que no puede quedar abandonada a la suerte de un mercado imperfecto.

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