[Editorial] Un Estado obeso

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:40 AM 2017-06-29

En un país desarrollado el Estado debe ser un puntal para el desarrollo y contribuir al mejoramiento de la sociedad. Por lo mismo, no debe ser una carga pesada que lo impida.

Chile, sin embargo, lleva décadas aumentando el tamaño de su sector público, con los resultados obvios: mayores impuestos, más regulación, más burocracia. 

En esta administración pasamos a tener 23 ministerios. Cada uno de ellos ha respondido más a necesidades simbólicas que a razones técnicas. Se crece en la medida que hay grupos de interés que presionan por la relevancia de tener un Ministerio o subsecretaría para su sector. Hay que tener en cuenta que cada área requiere de unidades legales y técnicas, de tesorería, auditoría, relaciones públicas, prensa, automóviles y choferes, además de edificios y teléfonos celulares. Y todo aquello, multiplicado por las 15 regiones del país.  

El fenómeno, en todo caso, no es exclusivo de este Gobierno. Los empleos públicos han crecido más de un 40% desde el año 2002 a la fecha. Y este crecimiento ha sido totalmente inorgánico: se crece en programas o asesorías más que en funcionarios en servicios permanentes. La máxima ha sido expandir a través de formas de contratación precarias y sin protección para el trabajador y con alto riesgo de captura para el clientelismo de los partidos. 

De hecho, a nivel local, esta última desviación es la que más preocupa a la ciudadanía cuando se le pregunta por la creación de la Región de Ñuble, que muchos ven como una bolsa de trabajo para operadores políticos en los 50 servicios públicos que se instalarán en Chillán y en las tres comunas que serán cabeceras provinciales.

¿Por qué el tamaño del Estado y su eficiencia se debaten poco? Simplemente porque a la política le falta debate de Estado, más allá de las coyunturas de los períodos de 4 años que dura cada Gobierno. 

La realidad, sin embargo, es que ese crecimiento abrupto y desmesurado hace que la organización actual sea la más frondosa en la historia del país. Y, como es fácil apreciar, esta tendencia a nivel local se traduce en una excesiva centralidad del empleo público en muchas comunas, donde es prácticamente el único y no responde a reales necesidades, sino que obra como una suerte de plan asistencial permanente.

El camino hacia una país moderno y pujante debe empezar con un Estado que esté a la altura de las circunstancias y al servicio del ciudadano, en un marco de confianza mutua. Que sepa sacudirse la modorra y que deje de alimentar militantes. Que nivele hacia arriba frente a una sociedad expectante que aguarda que los beneficios en este campo alcancen concretamente su vida cotidiana.

A estas alturas se torna indispensable llevar a cabo una amplia reforma administrativa que redunde en una mayor eficiencia del Estado. Se trata de una reforma indispensable para evitar superposiciones, tornar más eficiente el funcionamiento de la burocracia estatal y, al mismo tiempo, disminuir el elevado nivel de gasto público y de déficit fiscal.

 

Comentarios