Los extremos opuestos al sur del mundo

Por: Renato Segura 2017-06-28
Renato Segura

Chile es el país más largo del mundo, con 4.329 kilómetros de longitud, pero, simultáneamente, es uno de los más angostos, con una anchura promedio de tan solo 180 kilómetros. En el norte prevalecen los climas desérticos y estepáricos; en la zona central y sur predomina el clima templado y en la zona austral, a diferencia del resto del territorio, se halla un clima lluvioso y extremadamente frío. 

Tiene una superficie total de 756 mil km2, habitada por una población de 18 millones de personas, con una densidad poblacional aproximada de 24 hab/km2; sin embargo, la Región Metropolitana, con una superficie de 15 mil km2, alberga a 7 millones de personas, alcanzando una densidad poblacional aproximada de 470 hab/km2.

En comparación con otros países sudamericanos, el nuestro tiene una población relativamente homogénea y con un idioma en común; sin embargo, en sus 200 años de historia independiente, registra 3 guerras civiles y numerosos conflictos sociales que costaron la vida a miles de personas.

Un país donde las regiones reclaman el asfixiante centralismo en las decisiones administrativas y económicas del Gobierno Central; aun cuando, en forma simultánea las mismas regiones aplican un centralismo brutal hacia sus provincias y comunas.

Con la llegada de la globalización, Chile ha suscrito 17 tratados y acuerdos de libre comercio con países de Asia, Europa, América del Norte, América del Sur y México; mientras tanto, 24 mil empresas han exportado entre 2002 y 2014; esto es menos del 1% del total de las empresas del país. Por estrato de tamaño, las cifras son 0,1% (micro); 2,0% (pymes) y 23% (grandes).

Chile es el primer país latinoamericano en ingresar como miembro a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organismo que reúne a las economías más ricas del planeta; pero, simultáneamente, es el país con mayor desigualdad de ingreso entre dichas economías.

En la actual coyuntura económica del país, caracterizada por un bajo nivel de crecimiento y precarización del mercado laboral, la riqueza total aumentó durante el año 2016 en 7,7%. El 14% del total de dicha riqueza es de propiedad de 115 hogares (de un total de más de 5 millones de hogares a nivel país).

Un país donde la actividad económica de las regiones contribuye en forma generosa a la acumulación de riqueza total, pero con comunidades viviendo en zonas de rezago productivo, circunscritas a un ambiente de bajo nivel de oportunidades y una alta propensión a la migración de la fuerza laboral más joven y calificada.

Los contrastes geográficos y de clima, que son el sello de la identidad nacional, han permeado también a los aspectos sociales y económicos. Si bien los primeros son parte de nuestra riqueza y atractivo natural, que otorgan la impronta de la chilenidad, los contrastes en materia social y económica son elementos que limitan la capacidad del país para cruzar el umbral de desarrollo y lo condenan a vivir ciclos recurrentes de prosperidad y decadencia. Salir de los extremos en materia social y económica es una tarea que requiere, durante un largo tiempo, de coherencia y dedicación del quehacer público y privado.

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