La Fiesta de la Vendimia

Por: Claudio Martínez Cerda 2016-04-05
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

La Fiesta de la Vendimia, organizada por la Municipalidad de Chillán, estuvo revestida de todo tipo de polémicas y de dimes y diretes. Presentada como una fiesta del rescate patrimonial, según rezaba un letrero en medio de la luces del escenario, en estricto rigor de eso tuvo muy poco. 

Hoy en día los museos han dejado de ser recopiladores de objetos expuestos fuera de contexto. Por el contrario, se privilegia los museos in situ, un claro ejemplo de ello son los tajamares del río Mapocho en Santiago. Hoy yacen apilados al borde el río en una ubicación que no es la original, fuera de contexto perdieron todo el valor que la da el entorno al cual se consolidaron como objetos de valor patrimonial. Y cuando eso no es posible los museos cerrados o al aire libre recurren a las técnicas actuales, especialmente medios audiovisuales, incluso efectos especiales, como una forma de mitigar la descontextualización y cumplir con la misión de lo que significa rescatar el patrimonio. 

En este caso sería rescatar y mostrar una tradición de valor patrimonial, como es la Fiesta de la Vendimia. Mostrar su desarrollo, educar en torno ella y con ello contribuir a su preservación. Las pantallas gigantes colocadas para transmitir el show de los artistas eran una buena herramienta para conseguir ese objetivo. Lo mismo ocurre con los carromatos de experiencias 8D, según se anunciaba. Podrían haber reproducido la vivencia de la vendimia con gran realidad. 

Son representaciones aceptadas y ejecutadas por los museos hoy en día, sin que el patrimonio se banalice, por el contrario es potenciar el aprendizaje de este a través de las nuevas tecnologías. 

Las futuras fiestas de la vendimia podrían ser una buena oportunidad, para trasformar a ésta en el centro de la feria costumbrista que se desarrolla en la Plaza de Armas.

La degustación y cata de vinos, junto a la gastronomía regional serán siempre el continente imprescindible para esta fiesta. Esto se entiende perfectamente en un contexto propio de la cosecha de la uva y su posterior conversión en vino. 

El show artístico, duramente criticado por su alto costo, merece una consideración distinta. Tiene un valor del cual probablemente sus organizadores no se percataron, de lo contrario habría sido esgrimido como defensa a las críticas. Los miles de chillanejos que se volcaron sobre la Plaza de Armas cada noche, se instalaron en un espacio público que les pertenece y al cual en resto del año escasamente acceden. 

Y es que si hay algo que representa a la comunidad en su conjunto, sin excepciones ni distinciones sociales y económicas, es la Plaza de Armas de la ciudad. Es por definición el espacio público democrático. No le pertenece a nadie y pertenece a todos a la vez. Gracias a Los Vásquez, miles de chillanejos alimentaron el sentido de pertenencia e identidad para con Chillán. Esta ciudad nos pertenece a todos, ese es el mensaje. Es un valor que va mucho más allá de mera entretención esgrimida por sus organizadores. 

Las actividades que se desarrollaron durante todo el día en este espacio democrático, respondieron, sin embargo, a intereses diversos y no siempre integrados entre sí, lo cual se tradujo en una escasa integración social. Tal vez ésta sea la tarea pendiente de esta actividad. Generar e integrar la programación de modo que se produzca la interacción social de los dos Chillán. Las futuras fiestas de la vendimia puede ser aún oportunidad para convivir y conocernos mejor.

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