[Editorial] Divorcio pre y post fiesta

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:15 AM 2016-04-05

La Fiesta de la Vendimia se vio marcada por una ácida polémica referida a la contratación de artistas y supuestos privilegios de una productora local y por la negativa del Concejo Municipal a respaldar el financiamiento solicitado por el alcalde para costear dicha actividad.
Finalmente, y pese a que la controversia está lejos de cerrarse -como quedó demostrado ayer por la tarde en la sesión del Concejo Municipal- la ciudad tuvo su tradicional fiesta y un positivo resultado, pues atrajo a más de 60 mil visitantes en los tres días que duró. Sin embargo, en el municipio quedó un sabor amargo después de este episodio, pues la interna del gobierno local resultó muy dañada, al punto que el alcalde definió como “muy desagradable” el ambiente de trabajo, anticipando nuevos conflictos a medida que se acerquen las elecciones municipales.
De hecho, los ediles y el propio alcalde admiten que la relación entre ambos estamentos, Ejecutivo y Concejo, pasa por el peor momento desde su instalación, superando incluso lo ocurrido en 2013, cuando Zarzar les rayó la cancha por el excesivo protagonismo que estaban teniendo en la administración municipal.
En el caso de la Fiesta de la Vendimia, la obstrucción financiera que sufrió la iniciativa alcaldicia no habría sido gran novedad tratándose de ediles de oposición, pero que entre los detractores del jefe comunal se hallara el concejal UDI Joseph Careaga, representante de su misma coalición política, marca una diferencia con episodios anteriores y tendría derivaciones que pueden complicar al jefe comunal, pre anunciando nuevos obstáculos en la programación de actividades masivas previstas para este año y cuyo presupuesto total bordea los $270 millones.
Al examinar el comportamiento de los concejales, tanto oficialistas como de oposición, se advierten definiciones estudiadas y honestamente sostenidas en función de lo que creen debería ser el gasto social del municipio, pero también defensas de intereses particulares que, en opinión del alcalde, se traducen en una concertación de voluntades para afectar su imagen electoral.
Es posible que tal afirmación no sea justa con todos los ediles, pero claramente opera como una luz roja para la ciudad, pues este cuerpo colegiado debe seguir gobernando hasta fines de 2016, resolviendo temas bastante más relevantes para el interés general de los chillanejos que el financiamiento de fiestas costumbristas.
El segundo mandato de Zarzar comienza a mostrar los primeros síntomas de algo que generalmente ocurre cuando las autoridades en ejercicio van a una reelección. Las necesidades electorales de los responsables de gobernar, como de aquellos que intentan ocupar su lugar, hacen caso omiso a las consecuencias más duraderas, los opositores se transforman en enemigos, las descalificaciones personales comienzan a escucharse a diario y el esfuerzo por hacer las cosas bien se ve diluido por la necesidad de ganar adhesión y votos.
Conviene entonces no olvidar que los intereses políticos, propios de quienes simultáneamente gobiernan y están en la contienda electoral, pueden no solo distorsionar el debate sobre una fiesta popular, sino también las discusiones de medidas complejas y trascendentes para la ciudad, afectando lo que debería ser la principal preocupación del alcalde y los concejales, y la razón por la cual fueron elegidos: el bien común.

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