Mentalidad europea con alma de chillanejo

Por: Carla Aliaga Fotografía: Mauricio Ulloa 2017-06-18

Nacido en Chillán Viejo en 1950, pero radicado en Barcelona desde 1975, Víctor Ramírez cursó su escolaridad en el Seminario Padre Alberto Hurtado y estudió Pintura y Artes Gráficas en la Universidad de Chile y en la Universidad de Concepción entre 1969 y 1975. En sus inicios en España, trabajó como pintor y artista gráfico, y comenzó a interesarse por trabajos artísticos no tradicionales como las instalaciones y el arte público. Su trayectoria da cuenta de una permanente búsqueda a través del dibujo y la pintura de los principios de fuerza que rigen los procesos de la mente: las ideas y las emociones. 

En sus pinturas abstractas combina la línea, el color, la luz y las formas. Suele insertar en sus obras grafismos y dibujos semifigurativos que hacen referencia a seres mitológicos y símbolos de culturas originarias; y en algunas series ha dejado entrever su afinidad con la música, la creación literaria y la obra de grandes maestros como Da Vinci y Goya. 

Sus instalaciones e intervenciones son producto de su exploración del concepto del espacio multidimensional que permite que su pintura y grabado no solo ocupen la tela, sino también soportes no tradicionales y volúmenes geométricos.

Actualmente trabaja en Bélgica, Alemania, Chile y México. La obra de Víctor Ramírez está claramente influenciada por sus orígenes, pero también por el entorno de su país de adopción y demás aspectos de la tradición artística europea. Dichos elementos pueden identificarse tanto formalmente como en su técnica y contenido.

De este modo la revista  de cultura española “Vaso Roto”, define al artista chileno y así también otros medios del área se refieren al pintor y escultor que dejó a su esposa e hijo en la ciudad donde reside en la actualida para, por estos días, visitar su tierra natal a propósito de una exposición que inauguró en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción en la ciudad penquista el pasado jueves.

En el marco de la muestra viajó hasta Chillán, donde se reunió con el alcalde Sergio Zarzar y hablaron de proyectos con la ciudad que podrían concretarse en lo que queda de este 2017.

 -¿Tiene planes de exponer en Chillán?
- Me invitaron a la ciudad para ponerme al día de los proyectos de cultura de la municipalidad aquí en mi tierra natal. No venía hace un par de años porque estoy radicado en Barcelona. Estuvo muy interesante lo que me planteó el alcalde, acerca de su interés por llevar adelante proyectos de cultura y recoger lo que se hace de artistas tanto a nivel nacional como internacional, así es que estuvimos hablando de un posible proyecto para Chillán. En principio sería presentar una exposición acá, en el marco de ir potenciando a los artistas de la zona. Estamos buscando la fecha adecuada, pero sería durante este año.

- ¿Qué le parece la actual realidad cultural de Chillán?
- Interesante que se abran nuevos espacios en Chillán porque es justamente lo que se necesita. Los artistas van realizando sus obras de acuerdo a los contextos de cada uno, pero sí creo que el Teatro Municipal es generador de cultura, de la atracción para quienes disfrutan del arte, pero también para los artistas que trabajan en ello. Los espacios que se están abriendo en Chillán creo que van a generar una actividad cultural que no hay duda que será importante para la ciudad y quienes la habitan.

- ¿En qué proyectos trabaja actualmente? 
- Tengo exposiciones en Barcelona y también en Bélgica, en Antwerpen, en Alemania y tengo proyectos de pintura, escultura y poryectos de arte público. Estoy trabajando en un espacio cultural porque gané un premio de escultura en Bélgica. Es una nueva municipalidad y se abrió un concurso para elaborar una escultura y como trabajo mucho tiempo en en ese país fue aceptada mi propuesta. Estoy construyendo tres bloques escultóricos de siete metros de alto por 24 de ancho en una plaza del ayuntamiento y en septiembre ya debe estar lista. Se llama “Los Hombres de Valonia”. La idea es transmitir lo ocurrido después de la Segunda Guerra Mundial, donde había una zona muy deprimida económicamente,  entonces los hombres de las familias tenían que ir a trabajar a las minas de Valonia. Esta escultura simula las puertas donde entraban y salían de las casas o de los trenes que se iban a trabajar.

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