La Escuela México, Patrimonio de la Humanidad

Por: Claudio Martínez Cerda 2016-04-04
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Qué significa la clasificación de Patrimonio de la Humanidad. De acuerdo a la Unesco, es un sitio cuya importancia cultural o natural es excepcional para la herencia común de la humanidad. La Escuela México, que acaba de celebrar 74 años de existencia, cumple con dicho perfil. En efecto, lo que puede sonar como una utopía deja de serlo cuando nos introducimos en el relato que da vida a esta escuela, de la cual soy un ex alumno orgulloso. Reúne dos condiciones de carácter universal y “común de la humanidad”. 

Su construcción es financiada por el pueblo de México. En un acto de solidaridad internacional notable, el pueblo mexicano hace una colecta, para reunir fondos no para una donación genérica, como las comúnmente que se hacen cada vez que hay una tragedia en un país. Esta vez se hace con un propósito específico, construir una escuela.

Se trata de un acto solidario que siembra semillas hacia el futuro, parafraseando a un viejo proverbio chino, se está entregando “la caña de pescar y no el pescado”. A muchos mexicanos hoy en día les emociona escuchar este relato, que da cuenta de un gesto humanitario excepcional. 

Es un formidable continente para el más importante monumento de la ciudad: los murales de David Alfaro Siqueiros, que le dan al gesto solidario del pueblo mexicano un valor universal, que en su conjunto reúne las condiciones y requisitos para ser nominada “patrimonio de la humanidad”. 

Representan lo mejor de la obra que realizó el muralista mexicano. Estudiosos así lo afirman, pues la pintura mural de Siqueiros experimentó en Chillán un salto cualitativo, que transita desde una expresión cercana a lo figurativo hacia una exuberante expresión de barroco americano, con una fuerza inusitada no solamente en su expresión temática, sino en la técnica utilizada. Ya de regreso en México, Siqueiros pinta el mural “La Marcha de la Humanidad”, utilizando para ello la técnica que empieza de desarrollar en Chillán, en acrílico, con incorporación de elementos en relieve que le dan gran fuerza y expresión a su pintura. Esos murales, pintados en 1967, se encuentran hoy en proceso de ser declarado Patrimonio de la Humanidad. 

La Escuela México acaba de cumplir 74 años de existencia. Ha sido testigo y protagonista del renacer de Chillán después de la tragedia de 1939. Ha sido silenciosa protagonista de la obra de arte más importante de su historia. Ha observado en primera línea de una cierta indiferencia de una comunidad, no siempre bien empoderada de su patrimonio. Creemos indispensable que la comunidad y los actores relevantes de la ciudad se involucren en la conservación de nuestro patrimonio, en su difusión y gestión. El ejemplo de lo ocurrido en Confluencia con el puente de madera es el camino. Más allá de la foto final, el mérito es de la comunidad de Confluencia, que cuando las autoridades afirmaban que no había dinero para su mantención y lo daban por demolido, se rebelaron para preservar su identidad. 

La declaración de patrimonio de la Humanidad del Escuela México y sus murales debiera ser parte de un proceso similar, que nazca desde la comunidad para movilizar finalmente a autoridades no siempre sensibles con la cultura y el desarrollo integral que se produce a partir de la puesta en valor de nuestras obras emblemáticas. Es de esperar que los 74 años de aniversario sean el impulso inicial de este desafío. Es responsabilidad de todos nosotros impulsar estas iniciativas que dicen relación con nuestra memoria e identidad.

Comentarios