Agro en Zona de Rezago

Por: 08:50 AM 2017-06-07

Al comparar el desarrollo agrícola de los tres territorios de la Provincia de Ñuble es posible constatar el mayor crecimiento alcanzado por las comunas del Laja-Diguillín y del Punilla, donde ha sido clave la inversión en infraestructura de riego por parte del Estado y de los privados, y donde se combinan los cultivos tradicionales y los frutícolas de exportación. 

Sin embargo, en el valle del Itata, caracterizado por cultivos de secano, como las viñas y extensas plantaciones forestales, el desarrollo agrícola parece no haber llegado, a lo que contribuye la gran atomización de la propiedad, la escasa inversión en riego y el déficit de infraestructura productiva y de transporte. 

Desde una perspectiva de mercado, los precios no han sido muy favorables para los pequeños agricultores, que transan sus productos en un radio cercano y no cuentan con los volúmenes de producción ni los canales de comercialización apropiados. 

Las excepciones a esta generalidad son precisamente aquellos que han apostado por cultivos de altos retornos, que han invertido en riego tecnificado, muchas veces de la mano de la asociatividad. Asimismo, quienes han avanzado en la cadena de valor, como los vinos embotellados, conservas, congelados y deshidratados, han logrado escapar del círculo vicioso de la pobreza del valle del Itata. 

Es por lo mismo que en el programa Zona de Rezago se cifraron muchas expectativas, quizás demasiadas y hoy, a tres años de su implementación, los resultados son bastante discretos, por la lentitud con la que arrancó y la debilidad de su presupuesto. Sin embargo, no es razonable aún evaluar resultados, ya que modernizar la agricultura del Valle del Itata es un proceso que supone un fuerte cambio cultural, que probablemente será protagonizado y aprovechado por la próxima generación.

Asumido aquello y entendiendo que hay aspectos presupuestarios y burocráticos que deben mejorarse, lo importante es darle continuidad a esta política pública, hoy jaqueada por la debilidad financiera de un Gobierno que va de salida y la incertidumbre que genera un cambio de administración, máxime si existe una alta probabilidad que su sucesor sea de un signo político diferente. 

La tentación de bajar el pie del acelerador al final de la carrera, lo mismo que la lucha por el poder que muchas veces nubla la mirada de los actores políticos, incluyendo a quienes son responsables de gobernar y fiscalizar, son conductas previsibles en un año electoral y de alguna forma asumidas en los ciclos de las políticas públicas. Sin embargo, lo que no puede ocurrir es que éstas se conviertan en factor de demagogia y entren en una lógica binaria que solo busca satisfacer intereses electorales. 

Fomentar visiones fantasmagóricas de retroexcavadoras en nada contribuye a superar la brechas del Valle del Itata. Por el contrario, solo una mirada de largo plazo y la continuidad de los esfuerzos, independiente del ciclo político, permitirán consolidar avances en materia de infraestructura de riego y vialidad, en tecnología, en capital humano y en agregación de valor a la producción, apostando por cultivos más rentables y competitivos que transformen la zona rezagada en un nuevo polo de desarrollo de la Región de Ñuble. 

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