[Editorial] Última cuenta

Por: Fotografía: Agencia Uno 10:35 AM 2017-06-02

Todo mensaje presidencial ocupa un lugar especial en la trayectoria de un gobernante, ya que es el documento más importante de los jefes de Estado y como tal está siempre precedido de grandes expectativas: de la ciudadanía, de los distintos grupos de interés e incluso de expertos, historiadores y cientistas sociales, que los analizan y estudian, en cuanto allí se inscriben grandes definiciones para tratar de entender a los distintos gobiernos. Este año las expectativas se habían amplificado, considerando que es el último de Michelle Bachelet como líder de un conglomerado político que se encuentra dividido y pasa por una crisis que muchos ven como terminal. 

En psicología, la expectativa suele estar asociada a la “posibilidad razonable” de que algo suceda; una definición que aplicada al mensaje presidencial de ayer conduce a quienes habitamos esta parte del país a evaluar críticamente las alusiones a Ñuble durante la última cuenta a la Nación de Bachelet, ya que fueron escasas y casi todas referidas a temas ya conocidos, como las oportunidades de la agroalimentación, la licitación del embalse Punilla, la implementación del PDA de Chillán-Chillán Viejo y la construcción de un centro para el Adulto Mayor en Chillán.

De hecho, la omisión al proyecto que crea la Región de Ñuble es bastante inexplicable, pues aunque se trata de una iniciativa de alcance limitado, que solo beneficia a este territorio, posee la virtud de haber sido una promesa de campaña, que luego se tradujo en un proyecto de ley que ella mismo firmó en Chillán, el 20 de agosto de 2015 y que durante su tramitación ha contado con el permanente respaldo del Gobierno a través de las urgencias que ha puesto para acelerar su discusión y pronta aprobación. Es, en resumen, un buen ejemplo de prometer, gestionar y cumplir, la secuencia virtuosa que se espera de todo gobernante. 

Ayer, la Mandataria tenía al menos dos objetivos importantes que cumplir. En primer lugar, era el momento de hacer la cuenta pública de los logros de su Gobierno. Segundo, era la última oportunidad para marcar la agenda política. 

En el primero cumplió, en el segundo, está por verse, ya que la Presidenta incluyó un enérgico emplazamiento para salvar el proyecto original de la Nueva Mayoría y dar un buen cierre a un Gobierno que a juicio de sus partidarios abrió un ciclo de cambios. 

Por ello, la Jefa de Estado buscó el contraste con el Gobierno anterior, cuyo líder, corre con ventaja para volver a La Moneda. “El día que nos vayamos, va a ser un mejor país del día que llegamos”, dijo en un intento por reafirmar la identidad de esta administración y proyectarla en el tiempo. 

Como era previsible, su alocución que duró poco más de dos horas, fue sucedida por las tradicionales disputas entre el oficialismo y oposición al evaluar su contenido. En todo caso, cada ciudadano y ciudadana debe sacar sus propias conclusiones, en un ejercicio de accountability sobre los grandes compromisos que Michelle Bachelet asumió al iniciar su gestión y que también será revelador del nivel de credibilidad que hoy emana de la investidura presidencial y del proyecto de país que ella y la coalición que la ha acompañado, ofrecieron hace cuatro años. 

 

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