Frente a la colusión, las penas del infierno

Por: Renato Segura 2019-03-05

Renato Segura

Reconociendo a Adam Smith (1723-1790) como el profeta mayor de la economía de mercado, Milton Friedman (1912-2006) fue uno de los apóstoles más aventajados. Frente a la evidencia que los capitalistas se coluden, sentenció: “La causa de la libre empresa, de la competencia, es la única que puede mantener a los capitalistas alejados de tener un poder excesivo”.

Bajo esta visión de sociedad, el paraíso está constituido por muchos (infinitos) compradores y oferentes que interactúan en los mercados, sin la capacidad de influir en las reglas del juego ni coludirse. La colusión seía fruto del mal comportamiento de las empresas con mayor poder (un pecado venial).

Para los más ortodoxos, en ausencia de la intervención del regulador, el mal comportamiento de la empresa es un fenómeno transitorio; tarde o temprano la renta anormal que genera, atrae la competencia, al igual como la miel atrae a las abejas. 

Lo mismo que para un ateo ha resultado infructuoso demostrar que Dios no existe, resulta absurdo -con ribetes de tragedia- cuando los detractores de Adam Smith luchan por demostrar que la mano invisible del mercado es una ilusión. En el ámbito de la fe, la lógica y la razón no tienen cabida.

La tragedia -o en el mejor de los casos la desesperanza social- ha sido la cosecha de los modelos de sociedad que, utilizado la praxis como estrategia, han buscado desterrar la economía de mercado.

¿Cómo pueden sobrevivir los ateos en un ambiente rebosante de manifestaciones de la existencia de Dios? Stephen Hawking (1942 – 2018) mostró el camino: “Las leyes de la física pueden explicar el universo sin la necesidad de Dios”.
¿Las leyes de la economía pueden explicar la prosperidad de las naciones sin la mano invisible del mercado?
Es posible que sí, pero poco importa; en lo concreto, vivimos bajo las reglas del mercado. Si la esperanza de alcanzar una sociedad más próspera subyace sobre aprender a vivir y acatar dichas reglas, entonces debe existir penas del infierno para quienes las infrinjan.
Cuando la concentración económica se explique por:
1. La estrategia de integración vertical, se debe aplicar la ley antimonopolios para desintegrar verticalmente a los oligopolios o limitar dicha estrategia de mercado;
2. Actos contrarios a la libre competencia, como la colusión, debe existir penas económicas y de cárcel efectiva para los involucrados;
3. El uso de información privilegiada, se debe restituir la riqueza usurpada y aplicar cárcel efectiva para los involucrados;
4. La existencia de fallas en el mercado, se debe utilizar el poder del Estado para corregir las causas que generan dichas fallas, incorporando sus efectos a la transacción de mercado, o
5. La existencia de tráfico de influencias entre agentes públicos y privados, se deben aplicar inhabilidades perpetuas y cárcel efectiva, como mecanismos de disuasión.

En resumen, para quienes sientan frustración por el incumplimiento de las expectativas del sistema de mercado y/o que no comulguen con su mano invisible -lo que habitualmente ocurre en la mayoría de los hogares chilenos- utilicen los beneficios que otorga el vivir en democracia. Elijan a aquellos que, al menos, tengan la capacidad y la voluntad de establecer las penas del infierno para quienes incumplan las reglas de la mano invisible del mercado.

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