Unidad es la fórmula

Por: 10:15 AM 2019-02-02

Habitualmente el foco de la inversión y de las políticas urbanas en Chile se resuelve en función de las tres grandes conurbaciones: Santiago, Viña-Valparaíso y Concepción. Sin embargo, hay al menos otras 20 ciudades a lo largo de Chile, que tienen entre 100 mil y 250 mil habitantes, y que aún son urbes donde aún es posible no repetir los errores de las grandes capitales. Chillán es una de ellas. Son las llamadas “ciudades intermedias”, habitualmente mucho más amigables, más integradas socialmente, más mixtas en términos de usos y que aún presentan una estructura física saludable.

Los problemas de conectividad, integración y calidad ambiental, son abordados en forma paliativa en las grandes urbes, sin embargo, en las ciudades intermedias existe la oportunidad de atajarlos tempranamente para eliminarlos o aminorarlos radicalmente. Sin embargo, esta oportunidad que representan las ciudades intermedias está lamentablemente bajo amenaza y se corre contra el tiempo. 

Ciudades como la nuestra, lo mismo que Talca, Los Ángeles y Temuco, ya presentan problemas serios de orden territorial y de conectividad, dada su expansión poco planificada. De la misma forma, la contaminación del aire es tema central en todas y la excesiva concentración de ghettos sociales es un asunto preocupante en Talca, Temuco y en Chillán, donde el sector sur oriente es un monumento a la mala planificación residencial. 

Tales problemas desde hace tiempo vienen siendo identificados en estas mismas páginas, lo mismo que sus posibles vías de solución. En tal sentido, el hecho que un instrumento de planificación de la relevancia del Plan Regulador Intercomunal (PRICH), cuyo contenido fue conocido la semana pasada, advierta sobre la necesidad de que Chillán y Chillán Viejo trabajen en conjunto para abordar problemáticas comunes, es un hecho alentador que demuestra que se está comenzando a comprender que los desafíos de ambas comunas son prácticamente los mismos y que solo desde la cooperación se podrá hacerles frente. 

Si bien el desarrollo de mayor envergadura y la contribución al PIB nacional se concentra todavía en Santiago, Valparaíso y Concepción, a más de 40 años de la implementación de la regionalización, las ciudades intermedias están cada vez más activas, más mixtas y complejas, y por lo mismo más atractivas para vivir en ellas. La oferta de educación ha ido mejorando paulatinamente y en el caso de la capital de la Región de Ñuble también deberían hacerlo los indicadores de inversión pública y la captación de profesionales jóvenes y mano de obra especializada. 

Todo lo descrito debiera hacer que las autoridades de ambas comunas, independiente de sus agendas políticas y objetivos particulares, aborden un trabajo conjunto y enfoquen parte importante de sus energías en un diseño urbano y planificación que potencien los atributos de una ciudad intermedia como la nuestra. 

Trabajar por separado solo conducirá a una mala planificación y podría dañar, irremediablemente, elementos positivos de la capital regional, donde aún es posible pensar en la escala humana y sus innegables beneficios.

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