Un lujo demasiado caro

Por: Claudio Martínez Cerda 2019-01-23

Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

“Me puedo dar el lujo de tomar muchos caminos, pues la base está y me la he ganado desde el primer día. Y cuidado que también puedo irme para la casa con la misión cumplida.” Sin ningún asomo de modestia, el alcalde de Chillán lanzó esta advertencia a los actores políticos locales de Chile Vamos, al ser consultado por los continuos roces al interior de la coalición.  Declaración que seguro puso nervioso a más de alguien. 

Este episodio sirve de introducción a otro tipo de lujo que se ha dado  Chillan y que no se puede repetir. Este año se cumplen cien años de la fundación de la  Bauhaus, la escuela de arquitectura, diseño, artesanía y arte fundada en 1919 por Walter Gropius en Weimar (Alemania), que cambió para siempre el diseño, desde la gráfica hasta la arquitectura, pasando por el de todo tipo de artefactos de uso cotidiano. 

En dos palabras puso el diseño al servicio del ser humano, de su funcionalidad y necesidades cotidianas, a diferencia de lo que ocurría hasta entonces, en que los estilismos eran símbolos de estatus social y económico, sirvieran o no a las personas. Un diseño racional y funcional al servicio de las personas y no del status o el poder. 

Esto les hizo demasiado ruido a las autoridades controladas por el Partido Nazi y la escuela Bauhaus fue cerrada en 1923. Pero su influencia quedó y sus alumnos emigraron, instalando el modernismo, la funcionalidad y el  racionalismo en todo el orbe. 

Uno de ellos llegó a Chillán en 1939 y proyectó el Cuerpo de Bomberos y el edificio del Gobierno Regional (ex gobernación), además de influir decisivamente en la arquitectura modernista de Chillán post 1939.  Su nombre:  Tibor Weiner, arquitecto húngaro que, además, contribuyó a la formación de nuevos arquitectos chilenos. 

Esta joya arquitectónica e histórica (la ex gobernación) hoy está en degradación por la construcción de dos mega torres a solo unos pocos metros. Todos somos responsables de este atentado patrimonial. La inmobiliaria es la menos responsable, ella cumple con su misión, que es hacer negocios. Pero no es el caso de la Municipalidad, ni de su Alcalde, que ha mostrado satisfacción por construcción de las torres,  mientras el concejo municipal guarda silencio, lo mismo que la Unidad de Patrimonio y la sociedad civil, incapaz de movilizarse. 

Pero unos  son más responsables que otros. No sabemos si por ignorancia o desidia se han creado las condiciones para que  este crimen contra la cultura universal se consume. No se trata de ser romántico o nostálgico, como hemos sido calificados, sino simplemente de rescatar la memoria para construir una sociedad sana. 

El diseño de las dos torres es hijo de la Bauhaus, pero es  una mala solución, fuera de escala humana y agrede a una  obra de su progenitora. Pero más preocupantes resultan las declaraciones del propio alcalde, muy creativo desde la construcción de los baños de la plaza, cuando dijo que “O’Higgins no era estítico”.  Ante las insistentes opiniones de que es necesario cambiar el plan regulador, respondió que había dado instrucciones para que se revisara en un plazo no mayor de diez años. Si está declaración no es errónea hay que preocuparse, pues en ese horizonte de tiempo el Chillan, hijo de Bauhaus, estará destruido. Es un lujo demasiado caro que la ciudad no se puede dar.

 

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