El hilo siempre se corta por lo más delgado

Por: Renato Segura 2018-12-25

Renato Segura

“En los trabajos en equipo siempre algo irá mal y, por supuesto, siempre habrá a quien echarle la culpa”. La frase es parte de las Leyes de Murphy sobre los eventos de mayor ocurrencia en el mundo del trabajo. Utilizando un lenguaje recogido de la observación de las leyes de la física, se suele reconocer que, frente a un evento no deseado, el hilo siempre se corta por lo más delgado.

En marzo de 2018, se inicia la implementación del plan de seguridad ciudadana contenido en el programa de gobierno de la coalición vencedora en las elecciones presidenciales 2017. El plan de modernización operativa de las policías consideraba que “se redefinirán las facultades y atribuciones, rediseñando las estructuras de formación, funciones operativas, carrera funcionaria, incorporación masiva de nuevas tecnologías, énfasis en labores preventivas por sobre administrativas, la división de funciones de las policías, creación de unidades mixtas para delitos graves como terrorismo, crimen organizado y narcotráfico, con mando centralizado y énfasis en la detención de delincuentes reincidentes y peligrosos”.

Considerando los graves y reiterados hechos de violencia con daños a la propiedad pública y privada ocurridos en La Araucanía, la praxis del plan se enmarcó en la lógica de constituir en el territorio una unidad de elite para enfrentar delitos de carácter terrorista. Nada se había dejado al azar. El grupo contaba con armamento de guerra, vehículos blindados, sistemas aéreos no tripulados, cámaras termales de corto alcance, binoculares con telémetro y cámaras HD. 

Fue en este contexto que los medios de comunicación dieron una amplia cobertura a la instalación de la unidad de operaciones especiales de Carabineros de Chile, constituida por un grupo de 80 funcionarios, la mitad de ellos entrenados en Colombia y Estados Unidos, para operar bajo ambientes hostiles y de alto riesgo. Con el propósito de “combatir con eficacia el terrorismo”, en junio de 2018, las máximas autoridades del país, en la ciudad de Temuco, se retrataron mostrando satisfacción al estar cumpliendo con uno de los hitos de su programa de gobierno, secundados por un numeroso contingente de Carabineros fuertemente armados y equipados.

Lamentablemente, para la vida del joven mapuche Camilo Catrillanca y la búsqueda de la paz social en las zonas del país que habitan las comunidades mapuches, el plan estaba irremediablemente condenado al fracaso, terminando de la peor manera posible. El grupo de elite, se retiro de la zona; parte de sus integrantes están detenidos y/o procesados por asesinato y encubrimiento; se produjo el descabezamiento del Alto Mando de Carabineros y se cursó la solicitud de renuncia (no voluntaria) del director general de la institución.

En resumen, se cumplió la Ley de Murphy. En el accionar de un grupo fuertemente armado en búsqueda de terroristas, si algo podía salir mal, salió muy mal.

El grosor del hilo que soporta la presión de la responsabilidad política y de mando depende del poder de respaldo con el que se ha construido. Frente a la magnitud del error cometido en La Araucanía, el hilo más delgado está del lado de Carabineros, quienes son responsables de ejecutar un plan que estaba mal concebido. Mientras tanto, el autor material de dicho plan, se oculta en el verde uniforme del general director.

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