Amenaza política

Por: 08:25 AM 2018-12-06

En muchos aspectos la creación de la Región de Ñuble debería tener un sentido refundacional de los términos del debate sobre nuestro desarrollo. Entenderlo así, sin duda, favorecerá las posibilidades de construir una región distinta y mejor, dejando atrás un modelo que solo ha acentuado la brecha entre las capitales regionales y las provincias y comunas, y ha consolidado una matriz económica donde la explotación de recursos naturales y la escasa agregación de valor son la tónica. 

¿Será capaz la nueva Región de transitar esta senda? Parece increíblemente difícil todo lo anterior, mientras las ambiciones por cargos y las agendas políticas particulares de los políticos oficialistas sigan conspirando para conformar una estructura de Gobierno ágil y eficiente, lo mismo que para construir una estrategia de desarrollo innovadora y con visión de largo plazo. 

Por el contrario, esta amenaza se podría ver potenciada a partir del próximo año con el ambiente preelectoral. Tres elecciones populares comenzarán a liderar la agenda de los partidos oficialistas: municipales y de gobernadores regionales de octubre de 2020, y parlamentarias de 2021. Esto traerá consigo que un número no menor de autoridades que actualmente están abocadas al proceso de instalación, piense en postular a futuros cargos, lo que podría generar una desafección con el trabajo regional. 

Tal desviación es una amenaza real que puede anular la capacidad de nuestros líderes para visualizar el futuro e impedir que el sentido refundacional se instale dentro de la agenda local de los sectores público y privado. 

Sin ánimo de desconocer los esfuerzos que han hecho algunos por generar inversiones en la zona, en honor a la verdad, el grueso de las inversiones que se están concretando o que están en carpeta son más bien el resultado de la ecuación entre recursos naturales y una institucionalidad nacional que las promueve. Son los casos de la industria forestal, la agroindustria, la generación de energía e incluso del sector inmobiliario. En todos ellos no ha sido precisamente una política local la responsable de la inversión y es ese precisamente el mayor desafío y misión de las actuales autoridades: promover la discusión en torno a una estrategia de desarrollo que convoque a la clase política, a la sociedad civil en su conjunto y por supuesto a los empresarios, que a fin de cuentas son los responsables de asumir riesgos, capacidad de inversión y creatividad frente a los desafíos de este nuevo período de nuestra historia. 

Para ello será necesario un fuerte liderazgo técnico-político, contener las ambiciones partidistas y estar dispuestos a innovar en la institucionalidad, descentralizando y desconcentrando el poder. Replicar lo que ha hecho Concepción con Chillán sería, además de un error, la peor de las contradicciones.

El cambio de estatus político y administrativo que hemos tenido no asegura en nada un mayor desarrollo económico y bienestar para los ñublensinos. La Región necesita un espíritu crítico y constructor que se proyecte en el tiempo y se traduzca en una hoja de ruta clara, ambiciosa, transformadora de lo conocido, no coaptada por intereses políticos particulares y de corto plazo. 

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