Y lo seco de Ñuble nos salvará

Por: Ziley Mora 2018-11-19

Ziley Mora
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Contrariamente al significado rutinario de traducir Ñuble como río “dificultoso” u “obstruído”, este nombre significa  otra cosa: “(tierra) para cuando esté seco”. Su segura matriz etimológica es la palabra mapuche Ñüfle, un concepto que nos fue proporcionado por el gran kimche y eximio experto en lengua mapuche Rosendo Huisca, aludiendo directamente a una suerte de “tierra de promisión”, quizás la única región habitable o seca que quedará como cobijo de ese resto de humanidad sobreviviente, luego de una inmensa catástrofe acuática; vale decir, luego de la cósmica lucha de Kay-Kay, serpiente divina de las aguas y Treng-treng, serpiente divina de las montañas. Por tanto, está asociado a lo mítico, a lo que fue y a lo que siempre será, al eterno retorno de salvar a un resto, que tal como otrora, sufrirá la cíclica prueba de echar a andar de nuevo la evolución humana, luego de malograrse el don de la vida. Una vidente coihuecana que nadie toma en cuenta y con el nombre mapuche de Guacolda, no hay noche que no sueñe que tiene que subir a las cumbres, porque ya la mar cubre todos estos valles y allí arriba ve que son tan pocos los justos que después les tocará refundar Chile… Insiste en que no hay tiempo. 

Lo cierto es que así se llama nuestro río de corriente angosta y obstaculizada la que le da nombre a la última Región de Chile (¿la primera que por el manejo de sus aguas se salvaría de una apocalíptica sequía?). Al empezar la conquista española, este territorio era la parte sur que conformaba la gran provincia pikunche de esa zona comprendida entre Atacama y el río Bío Bío que era llamada chiquillán (“gente enojadiza”). El mismo año dio Valdivia a otro vecino de Concepción, el capitán Pedro de León, en encomienda los indios y cacique que habitaban el valle de Chillán, que quedaban al oriente de la gracia hecha antes a su capitán Juan Valiente. Pedro León deja el don de esta encomienda por otra, otorgada en la ciudad de la Imperial. Valdivia re-otorga esta encomienda al capitán Hernando de Huelva, quien le prestó ayuda en la expedición que éste había preparado en Perú en 1549. Según valiosa información rescatada por José Toribio Medina en su Diccionario biográfico colonial de Chile, con fecha 8 de julio de 1552, Pedro de Valdivia le concedió la siguiente merced:

“En remuneración de vuestros servicios, trabajos, pérdidas i gastos, decretó el gobernador, encomiendo por la presente, de parte de S. M., en vos el dicho capitán Hernando de Huelva los lebos (lof) dichos Otogue (Itihue), Coigueco (Coihueco), Pelel, Niegana e Chilean, con sus caciques nombrados Reinoguellan, Tipalauquen (Talquipén)… con todos los demás caciques principales e no principales… como todos sean subjetos e de la parcialidad de los dichos lebos, que tienen su asiento cerca del río Itata, de la una parte i otra del, e otros entre Itata i esta ciudad de la Concepción”. Después de 1785, formó parte de la jurisdicción de Concepción. La Constitución del 20 de diciembre de 1824 la dejó convertida en dos departamentos de la Provincia de Concepción, bajo los nombres de San Carlos de Itihue y Chillán, separados por el río Ñuble. Esta singularidad territorialidad se restaura el 2 de febrero de 1848, cuando se crea la Provincia de Ñuble con los dos anteriores departamentos ya mencionados.

Vivimos en la región de Chile “para cuando (todo) esté seco”; es decir, ¿para cuando lo necesite el país ya que se habrá de quedar seco de patriotismo, de creatividad, de humanidad, de soluciones? ¿Patria seca de alma y será ese rocío de nuestro río bajando de los Andes quien nos entregará la húmeda y vivificante sabiduría perdida de la tierra, cuando el tronco de la religión europea esté reseco?

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