Su (ex) majestad el tren

Por: Claudio Martínez Cerda 2018-10-16
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Justo en el momento en que se empieza a instalar en la agenda pública de la nueva Región de Ñuble, la recuperación del tren como medio de transporte de calidad, desde la Municipalidad ha surgido la idea de trasladar el tren fuera de los límites urbanos de ciudad. No sabemos si hay algún estudio previo de movilidad humana o de proyección del tren como medio de transporte en el contexto regional para plantear esa propuesta, o si solo se trata de una ocurrencia improvisada y sin sustento. 

El tren como medio de transporte tiene una característica notable. A pesar de ser el medio de transporte humano y de carga más antiguo del mundo, nunca ha perdido su vigencia y, por el contrario, es hasta los tiempos presentes el medio de transporte más moderno. Su fortaleza se funda en su carácter masivo, en la seguridad que brinda al transporte de pasajeros y en el hecho de ser parte importante de la red de movilidad urbana de las ciudades. Esto es posible porque los trenes en todas las ciudades del mundo llegan al interior de los centros urbanos. 

En el caso de Chillán es bueno recordar que a comienzos de los años 70, el tren “rápido”, así se llamaba el que recorría la ruta desde Santiago, demoraba puntualmente 3 horas 50 minutos, con rieles soldados y energía eléctrica. Esto ocurre hace casi cincuenta años. Hoy se demora con suerte 5 horas. ¿Qué pasó en el intertanto? El Gobierno militar dejó caer a Ferrocarriles y lo abandonó. Ya sea porque tenía un compromiso con los camioneros que reclamaron parte del botín por su aporte fundamental al golpe de Estado, o porque la política ultra liberal dejó a Ferrocarriles sin financiamiento complementario. Lo cierto es que Ferrocarriles del Estado quedó a las puertas del cementerio. La recuperación ha sido dificultosa y de alto costo. Por eso hemos visto con gran interés -y por qué no, con esperanza- cómo la ruta Santiago-Chillan empieza a ser prioridad, incluso en la perspectiva de un tren rápido o semi rápido. 
Por otra parte, esta línea posibilita en el corto plazo un sistema de trenes de cercanías en la cual quedarían interconectadas dos de las tres provincias, Punilla y Diguillin, y en el mediano plazo la Provincia de Itata. Esto tiene sentido en la medida de que el actual trazado mantenga su condición de tren urbano e interurbano a la vez. 

Hoy en día el setenta por ciento de la población regional vive en centros urbanos y por tanto un ferrocarril complementarlo a la redes de movilidad urbana, sería no solo más eficiente, sino que más económico y contribuiría de manera notable a la integración y conectividad de las comunas, y en el caso de Chillán disminuiría la presión por viviendas y la congestión  vehicular. 

Pero nada de eso sería posible si se traslada la estación a los extramuros. La supuesta fractura de la ciudad tiene soluciones múltiples, que van desde soterrar las conexiones de las calles del casco histórico, hasta generar polos de desarrollo en el sector denominado ultra estación, que incluso se verían beneficiado por el actual trazado de la línea férrea. 

Por ello, no parece exagerado exigirles a nuestras autoridades un mínimo de seriedad y prudencia a la hora de imaginar soluciones tan radicales como la que han planteado hace unos días en relación a este tema.

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