Rechazo a Pelícano

Por: Fotografía: Fernando Villa 08:40 AM 2018-10-09

La sustentabilidad es un requisito para el desarrollo. No sería desarrollo si no fuera sustentable.

Hay amplio consenso sobre esta afirmación, incorporada de manera progresiva en la gestión de los organismos de Gobierno y en el diseño de las políticas públicas que norman la actividad del sector privado y configuran nuestra institucionalidad ambiental, cuyo objetivo primario es que este principio, el del desarrollo sustentable, sea preservado por quienes desarrollan actividades económicas que generan impactos en el medio ambiente. 

Por lo mismo, no debe extrañar el unánime rechazo ayer, por parte  de la Comisión Evaluadora Ambiental de Ñuble, del primero de los once proyectos acuícolas que la empresa Pelícano pretendía ejecutar en la costa de Cobquecura.

La iniciativa venía precedida de una desfavorable recomendación del Servicio de Evaluación Ambiental del Bío Bío, y era ampliamente cuestionada por la comunidad, incluidos los alcaldes de Cobquecura, Trehuaco, Portezuelo, Coelemu y Quirihue, además de empresarios turísticos, expertos y grupos ambientalistas. Todos coincidieron en la necesidad de proteger los 58 kilómetros de costa de la nueva Región, no solo por su relevancia económica, sino también ambiental, pues posee una biodiversidad muy rica, con una población aproximada de 2.700 ejemplares de lobos marinos, siete tipos diferentes de cetáceos y 76 especies de aves, según ha podido establecer el Programa de Investigación Marina de Excelencia (Pimex) de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la Universidad de Concepción. 

Igualmente, y aunque se encuentra dentro de la legalidad, hubo también consenso en que no fue correcto lo que hizo la empresa al fragmentar el proyecto para evitar la rigurosidad de un estudio de impacto ambiental y no considerar el efecto sinérgico que tiene en su conjunto.

Pelícano es uno de los 25 proyectos emplazados en Ñuble que ingresaron al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) de la Región del Biobío, pero que completarán su tramitación en Chillán, pues serán resueltos finalmente por la Comisión de Evaluación Ambiental de Ñuble. 

La votación de ayer es una positiva señal en cuanto al rigor con que actuará la institucionalidad ambiental de la nueva región. Sobre este punto no debe haber dobles lecturas, aunque la empresa afectada y sus pocos defensores lo asocien a incertidumbre y eventuales desincentivos a la inversión. Filtros débiles en materia ambiental solo hipotecarán la mayor riqueza de la Región: sus recursos naturales. Además, la evaluación ambiental tiene un sentido práctico muy importante, que los empresarios deberían valorar, pues contribuye a que los proyectos puedan mejorarse en una fase inicial, de tal manera que en las etapas posteriores tengan una tramitación expedita.

Ñuble tiene una economía que crece lenta y necesita diversificarse, pero creer que las inversiones deben tener vía libre por sus externalidades positivas en materia de empleo, es un error. 

No se trata de obstruir el emprendimiento y la inversión, pero debemos convenir que la variable medioambiental no puede ni debe ser soslayada. La sustentabilidad, a no dudarlo, debe ser un requisito para el desarrollo de la nueva Región.

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