Cultura, diálogo y desarrollo

Por: José Luis Ysern de Arce 2017-05-22
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

Quizá porque en Chile coincide con el Día de las Glorias Navales se nos pasa casi por alto el día, que el mismo 21 de mayo, quedó consagrado por las Naciones Unidas como Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Es interesante que esos conceptos de diversidad cultural, diálogo y desarrollo se muestren relacionados. Dicha relación la acaricia con gusto la muy latinoamericana teoría social comunitaria de la Psicología de la Liberación. 

Respetar la diversidad cultural en que vivimos y nos movemos los seres humanos es tanto como respetar la dignidad de la persona humana. Reconocer la diversidad es valorar la persona humana en su contexto social y comunitario. Somos lo que somos en sensibilidad social, actitud creyente o agnóstica, orientación sexual, opciones políticas, etc., porque con un ADN concreto hemos nacido y crecido en un contexto determinado, en una cultura determinada, en una familia determinada, rodeados de personas que nos han inculcado tales o cuales valores. Nadie somos producto del azar. Cuando Ortega y Gasset dice “Yo soy yo y mis circunstancias” sabe lo que dice. 

Respetar las diversas culturas equivale a aceptar hidalgamente que no todos somos iguales y que no tenemos que serlo. La diversidad respetada significa asumir que los seres humanos no somos iguales y que -quizá por lo mismo- tenemos que ser unidos. Unidad y diversidad son dos hermanas distintas y muy bien avenidas. Por eso se complementan y son capaces de construir civilización, justicia y paz. Mi abuela decía: “Dios bendiga a mis nietos; bien distintos pero bien unidos.” Al contrario, la uniformidad produce aburrimiento y tedio; tendencia al anquilosamiento y la rutina. Unidad en la diversidad es belleza y es tarea; nunca está del todo terminada; en ese campo siempre habrá algo que construir. 

La herramienta indispensable para construir unidad en la diversidad se llama diálogo. La persona que dialoga da por supuesto que ella no tiene toda la verdad ni toda la razón, y que para construir sociedad, ciudadanía, país, comunidad, familia, todos somos necesarios. Las personas que se sientan a dialogar ponen sobre la mesa no las pistolas sino las armas de la paz y solidaridad, la tolerancia y comprensión mutuas, los mejores contenidos de sus ciencias y conciencias, de su mente y de su corazón. Esas fuerzas son mucho más poderosas que las de la prepotencia y el dinero.

Integrar la diversidad cultural y la actitud de diálogo en los planes educacionales de los pueblos, promover estos objetivos en la conciencia ciudadana, equivale a promover el mejor desarrollo de los mismos pueblos y de los mismos ciudadanos. Por eso cultura, diálogo y desarrollo van siempre tan de la mano. Siempre habrá genial desarrollo humano integral donde predomine el diálogo y respeto entre las distintas personas y las diversas culturas. Qué bien entendió esto nuestro gran psicólogo Domingo Asún, referente de la Psicología Social Comunitaria en Chile, cuando abrió el debate universitario a los derechos de la diversidad sexual. 

A todos nos cabe la responsabilidad de prodigar esfuerzos para promover gestos, actitudes, estilos de vida, formas de ser, que favorezcan la inclusión de todos, el diálogo interpersonal y el respeto por las distintas formas de vida.

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