Cyberprotección familiar de los niños

Por: Germán Gómez Veas 2017-05-17
Germán Gómez Veas

Profesor Universitario y Consultor en materias de pedagogía, gestión educacional y ética empresarial.

Docente en Filosofía; MA y Ph. D (c) por la Universidad de Navarra; y MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez. Autor del texto ¿Qué es la ética? y numerosos artículos acerca de educación y ética empresarial.

Actualmente se desempeña como Profesor Universitario y Consultor en temáticas educativas y de ética empresarial.

Como es de público conocimiento, hace pocos días se aprobó la iniciativa legal que afirma garantías en amparo de los derechos de niños y adolescentes. No obstante, a este nuevo marco legal se le ha cuestionado porque contiene una redacción equívoca en algunas temáticas capitales, como en lo concerniente a la creciente autonomía y derecho a la privacidad que se debería reconocer a los jóvenes. 

Para ser más específicos, cuando el texto señala que “todo niño tiene derecho a desarrollar su  vida privada, a gozar de intimidad y mantener comunicaciones sin injerencias arbitrarias o ilegales”, resulta cierta imprecisión. Concretamente, la definición deja el espacio suficiente para interpretar que los padres perderán, crecientemente, la posibilidad de tener una amplia concesión para cuidar la adecuada actuación de sus hijos en diversas instancias, como por ejemplo, las redes sociales.  

Sin embargo, más allá de cómo se quiera interpretar el marco legal, vale la pena reforzar la idea de que es muy necesario que en las familias, los adultos responsables tengan una proximidad equilibrada en cuanto al uso que hacen sus hijos de los diversos dispositivos electrónicos, y por cierto, respecto de su participación en redes sociales. De esta forma no solo sabrán en qué andan, sino que además, así podrán reconocer si la cantidad de tiempo que consumen en todo ello no los está subyugando en un nivel de adicción, lo que en sí mismo podría ser inquietante. Hecha esta salvedad, conviene enfatizar en que tal como están las cosas en la actualidad, parece sensato, necesario, e ineludible, que los padres se involucren mucho más en estas  dinámicas.

Para ilustrar mejor nuestra perspectiva, consideremos que hoy se exhiben series que se pueden ver en televisión, internet, y celulares, con contenidos disruptivos y peligrosos para los niños y jóvenes, tal como ocurre en 13 reasons why. Algo similar pasa con algunos juegos como La ballena azul.  La primera, es una serie muy polémica por sus escenas gráficas sobre suicidio, disfunciones familiares, abuso de drogas y alcohol; mientras que la ballena azul ha alcanzado una enorme notoriedad por ser un juego que motivaría a los jugadores a valorar el suicidio como una fase más dentro de su progreso. Conforme a esta descripción, resulta lógico enfatizar que para proteger a los niños y jóvenes, los padres deben ser preventivos. Es decir, deben saber anticiparse en cuanto a conocer, al menos, los programas, juegos e iniciativas que están marcando tendencia entre los niños y jóvenes. Igualmente, tienen que ser creativos a la vez que cuidadosos para conversar con sus hijos acerca de esas tendencias en base a una perspectiva valórica y no necesariamente confrontacional. 

En mi parecer, el contexto reinante hay que aprovecharlo como una oportunidad para que, en sus hogares, las familias puedan abrir espacios de comunicación más frecuentes, protectores, y profundos, a través de los cuales se fortalezca la confianza mutua. Me incluyo entre los que creen que de esta forma se generarán nuevos aprendizajes y experiencias más seguras entre padres e hijos. 

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