Centralismo fiscal

Por: 08:35 AM 2017-05-12

En diversas oportunidades hemos abordado desde estas páginas el tema del centralismo fiscal y los problemas que representa para el desarrollo equilibrado y armónico del país y los impactos negativos para Ñuble. También -y para nadie es un misterio- respaldamos decididamente el proyecto que crea la nueva Región de Ñuble y hemos procurado poner en la agenda de las autoridades el tema de la descentralización, regionalización y desconcentración económica y del poder. 

Nuevamente y faltando seis meses para una nueva elección presidencial y parlamentaria, surge la necesidad de continuar esta ardua lucha por conseguir acuñar en la cultura, el comportamiento y el compromiso de quienes serán nuestros representantes de esta parte del país en el Congreso, de las futuras autoridades ministeriales, sectoriales y de la máxima autoridad del Ejecutivo, un cambio concreto y efectivo hacia la descentralización. 

No solo la OCDE ha planteado la urgencia de modificar las políticas e incentivos que han llevado a Chile a vivir un centralismo poco visto en otros países del mundo, también se observa un compromiso en los diferentes pre candidatos (as) a la presidencia en relación con entregar una mayor autonomía financiera y de decisiones a las regiones. 

Cuando se habla de descentralización fiscal es necesario tener en cuenta una serie de aspectos que muchas veces no son comprendidos por quienes asignan los recursos desde el gobierno central. En primer lugar, no solo hay que considerar la población y el nivel de pobreza que existe en un territorio, sino que es importante considerar los aportes que cada zona hace al PIB nacional. 

Si bien es efectivo que existen zonas que generan más de los que reciben después de la redistribución de los recursos y por el contrario, otras son receptoras de más recursos que los aportados, debe existir un componente dentro de la distribución que considere este factor. De acuerdo a una investigación efectuada por la Universidad de Chile, a Ñuble solo retorna la mitad de lo que ella aporta al PIB, pero estos fondos que regresan no lo hacen para ser invertidos de manera autónoma, por el contrario el gran porcentaje de ellos ya viene designado en algún proyecto desde Santiago. 

Este centralismo fiscal nos afecta de muchas maneras: produce frustración en el capital humano que ve con desesperanza las posibilidades de generar muchos de los nuevos proyectos, ya que los grandes recursos se quedan en la capital y esconde una gran desconfianza respecto de las capacidades que poseen las autoridades locales, para gestionar adecuadamente los recursos. 

Al ser Chile un país unitario con un proceso de regionalización iniciado sin mucha discusión y participación ciudadana, está sufriendo el desequilibrio entre el exceso de atribuciones del poder central y la urgente autonomía regional y local. Ha llegado la hora de generar una nueva gran descentralización, donde es necesario “arriesgarse”. 

En el caso de Ñuble, que pronto se convertirá en Región, el punto de partida debe ser confiar en las capacidades locales y entregar recursos y facultades a sus líderes y habitantes. Ese sería un muy buen comienzo. 

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