Hijo de Guayasamín llegó hasta la tierra de Violeta

Por: Carla Aliaga Fotografía: Mauricio Ulloa 09:50 PM 2017-05-12

Pablo Guayasamín llegó hasta San Carlos para conocer la tierra de Violeta, quien fue cercana a su padre.

“La Capilla del Hombre” fue ejecutada con aportes de Ecuador, Chile, Bolivia y Venezuela.

1999: El pintor ecuatoriano falleció en Estados Unidos en marzo de ese año.

Pablo Guayasamín comanda la fundación que cuida el legado de su padre y en esa misión ha generado importantes lazos en Chile desde hace ya varios años. Y aunque al menos visita nuestro país una vez al año, es la primera ocasión que llega hasta Ñuble, específicamente a San Carlos, la cuna de Violeta Parra y la amiga de su padre Oswaldo, con quien compartía su profundo interés por el rescate de la tierra y sus raíces, por el legado cultural y ancestral de Latinoamérica.

Con 73 años y más de 40 difundiendo el legado de su padre, rescata el valor patrimonial y cultural que los Parra dejaron en toda América Latina. “Ellos ya no son chilenos, ellos son símbolos de la cultura latinoamericana”, reafirma el heredero del artista ecuatoriano.

El presidente honorario de la Fundación Guayasamín destacó la figura de ambos artistas, influyentes en el mundo de la cultura del continente. “Mi padre es contemporáneo de Violeta, ella nació en 1917 y él en 1919. Son esos imanes que se atraen mutuamente. Violeta es el símbolo de la canción protesta, en beneficio de los humildes, los desposeídos, mi padre con formas de colores representa también lo mismo: ese grito de independencia de los pobres de la tierra”. 

Pablo Guayasamín agregó que “esos son suficientes valores para unificarlos, para caminar juntos, y los hijos tenemos la obligación de venir a rendir un homenaje a nuestros padres que han sido nuestra voz y la voz de los humildes”.

Niña
Tal es el lazo que unió a los artistas que el hijo de Guayasamín llegó hasta San Carlos para conocer la tierra de Violeta y entregar una de las obras más emblemáticas de su padre: “Niña”.

La lienzografía es una copia auténtica de la original, que reposa en la Capilla del Hombre en Quito, Ecuador, impresa por fundación Guayasamín. La obra que homenajea a la mujer latinoamericana, en una ceremonia con las autoridades de la comuna, fue donada por el heredero del artista ecuatoriano para que descanse en el Museo de Violeta Parra.

Pablo llegó junto a su esposa hasta la tierra de la folclorista,  asegurando estar “maravillado de estar aquí, nos sentimos orgullosos porque es encontrar las raíces en nuestro continente. A los hijos de Violeta tuve el privilegio de tenerlos en Quito, a Isabel y Ángel, cuando se produjo la dictadura, tuvimos el privilegio de tenerlos en casa, escuchar su voz allá y venir a recoger esos pasos de ellos”.

Pablo lleva años recopilando el trabajo del pintor. Durante mucho tiempo fue su asistente, acompañándolo en todos sus viajes, así que gran parte de la historia del artista pasó delante de sus ojos. De hecho se parecen, no solo físicamente, sino también en la sensibilidad social. “Mi padre no ha muerto, él se mantiene vivo con su mensaje y obra. Yo sigo transmitiendo su mensaje de estrecharnos las manos y de ser más humanos”, asegura Guayasamín hijo. 

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