El recorrido histórico de la tradicional “Cruz de Mayo”

Por: Carla Aliaga Fotografía: Archivo 10:10 PM 2017-05-07

El origen de la Cruz de Mayo se remonta a la conquista española. Como los misioneros desconocían la lengua de los nativos, carecían de imágenes y no tenían suficientes predicadores, hicieron uso de la cruz y elementos locales para difundir el mensaje cristiano.

La cruz era de fácil construcción y se ubicaba en un sitio visible para la comunidad a evangelizar: cerros, intersecciones de caminos u otros espacios concurridos. Allí se administraban los oficios religiosos.

Cuando el sacerdote no estaba, un fiel, llamado fiscal, era el encargado de cuidar la imagen, realizar los sacramentos y rezar a sus pies los días festivos.

Los misioneros fundaron hermandades encargadas de mantener el culto a la cruz y de homenajearla durante mayo. Los fiscales debían dirigir la procesión en busca de flores, limosnas y convocar a la gente para unirse al culto.

Así como en otros lugares del mundo, especialmente en Latinoamérica, en Ñuble, “Vestir la cruz” era la actividad con que se abría la celebración el 1 de mayo. Consistía en colocarle unos lienzos que llevaban en su centro un crucifijo y los elementos de la Pasión. El objetivo era expresar el sacrificio de Cristo para salvar a la humanidad.

Todas las tardes, los fieles se congregaban alrededor de la imagen para rendirle culto y cada casa contaba además con su propio crucifijo, donde llegaban a lo largo del mes los vecinos a rezarle rosario y cantarle las letanías.

Para concluir la celebración, la cruz del pueblo era llevada en procesión por la localidad. En el trayecto se cantaba y pasaba por las casas de los vecinos solicitando limosnas o aportes de alimentos. Luego, era puesta en un altar preparado en algún inmueble del pueblo.

Se agradecía con rosarios y novenas la recolección de limosnas, se repartían los alimentos e iniciaban los cantos y bailes. Finalmente, la imagen era desvestida y guardada en la casa de un nuevo custodio.

Con el paso del tiempo dejó de ser una festividad al alero de la Iglesia y se constituyó en una práctica religiosa de la comunidad.

Ñuble
El padre René Gómez, párroco de Portezuelo, recuerda esta tradición con cariño y alegría. Él ha vivido la festividad en diferentes comunidades, puesto que ha sido párroco de distintas comunas de la provincia. Hoy, está a cargo de Portezuelo y hace una semana que un grupo de jóvenes salió a celebrar con la cruz. “Generalmente la celebración que aún realizamos, la comenzamos el día 2 en la tarde con miembros de nuestra comunidad, con la cruz vestida, con velitas y sale el grupo por las calles cantando, pidiendo cosas, alimentos o lo que dé la gente. Se canta a lo divino y a lo humano. También hay payas y adivinanzas”, relata el sacerdote. 

Pese a que en las grandes ciudades esta tradición se ha ido perdiendo, según el padre René “en los campos o en los pueblos seguimos haciéndolo. Después de cada recorrido se hace una fogata y se festeja con cantos populares. Casi siempre los grupos están relacionados con la iglesia, pero a veces se juntan grupos en los sectores donde viven y salen a recorrer las calles”, agrega que con lo reunido, antes se hacía una comida para los peregrinos, pero  ahora lo que se recolecta es para llevarlo a los hogares o para la gente que más lo necesita.

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