A 54 años del fusilamiento de “El Chacal de Nahueltoro”

Por: Carla Aliaga Fotografía: Archivo 11:50 PM 2017-04-30

Fue sepultado en el cementerio de San Carlos, convirtiéndose en lugar de peregrinación

1963: El 30 de abril de ese año fue el fusilamiento de Jorge del Carmen Valenzuela.

“Al hombre lo apresan, lo educan y lo ejecutan. Ése fue el gran tema que abrió el debate de la pena de muerte en Chile”
Marco Aurelio Reyes
Historiador

“El 20 de agosto Jorge del Carmen Valenzuela Torres se acercó hasta su conviviente Rosa Rivas, en busca de la pensión de viudez que la mujer debía retirar cada mes en San Carlos. Rosa venía llegando sin ningún peso en los bolsillos puesto que un trámite burocrático le había impedido retirar el dinero. Frente a esta situación Valenzuela reaccionó violentamente y tomando la guadaña, con la que usualmente trabajaba, le dio muerte. Luego hizo lo mismo con los cinco hijos de la mujer”. Éste es el relato que dos años antes de la ejecución de Jorge del Carmen Valenzuela Torres, más conocido como “El Chacal de Nahueltoro”, publicara LA DISCUSIÓN acerca del crimen que cometió el hombre.

El fusilamiento
Casi dos años y siete meses desde la detención de Valenzuela, se llevó a cabo su condena a muerte por fusilamiento. LA DISCUSIÓN dio testimonio de esos acontecimientos de la siguiente manera: “Tras un viento crujiente acompañado de gruesa lluvia que seis horas antes soplaba en la ciudad, a las 07.21 justas de la mañana expiró en el banquillo Jorge del Carmen Valenzuela Torres, el gañan de 23 años de edad que el atardecer del 20 de agosto de 1960 se transformó en seis veces asesino. A las 05.20 de la mañana se puso frente a una mesa y hasta las 05.40, escribió serenamente. Se trataba de una extensa carta dedicada al alcaide y personal de la cárcel a quienes agradecía las atenciones recibidas, diciéndoles que solo en ellos halló la ternura que la sociedad le negó por muchos años. Jorge del Carmen Valenzuela llegó tranquilo a cumplir su condena. Ni una queja, ni una preocupación se advertía en su paso que era seguro, no obstante los grillos que llevaba. Las cámaras fotográficas funcionaban sin cesar, siguiendo paso a paso el camino al patíbulo de Jorge Valenzuela.

El sacerdote permaneció junto al homicida mientras el comandante Layera hacía con la mano derecha una leve seña para que el capitán Iván Sepúlveda entrara a la cárcel con los ocho hombres del pelotón de fusilamiento. Estos avanzaron sigilosamente sobre sus zapatillas de goma, evitando hasta el más pequeño ruido y se instalaron dando la espalda al mar y a unos cinco metros del banquillo. Los cuatro de  adelante estaban hincados y los otros cuatro se mantuvieron de pie. A otra señal previa convenida, el capellán comenzó a retirarse del banquillo, junto al comandante Layera. El primero elevó el tono de su voz, para simular que seguía rezando al lado del ajusticiado. En ese instante, el capitán Sepúlveda, apenas levantó la espada. Eran las 07.21 horas. Los ocho fusileros dispararon casi simultáneamente y de inmediato se retiraron al interior de la cárcel, por el mismo  portón por donde entraron. El jefe del pelotón permaneció en su puesto. Hubo un instante de suprema consternación cuando el doctor Pedro Lama se acercó de nuevo al reo, y lo auscultó cuidadosamente, de preferencia en la región del corazón. De las ocho carabinas, solo una estaba sin balas. Cuatro tiros dieron directamente en el corazón y tres en el tórax. Las autoridades y periodistas recibieron la sorpresa de una ejecución extraordinariamente rápida”.

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