Asociarse es el camino

Por: 08:30 AM 2017-04-27

Frente a las interesantes perspectivas que exhiben los mercados internacionales para los productos exportables de la región, específicamente  del rubro agropecuario, existe una enorme tarea por delante para los productores locales, tanto en la necesidad de abrir nichos de mercado específicos a nivel nacional e internacional, así como también, de generar los vínculos necesarios con sus pares en términos de desarrollar la asociatividad como modelo de negocios. 

Esto último resulta vital para los pequeños y medianos productores de Ñuble si lo que se pretende es convertir a esta futura región en un polo nacional de desarrollo agroalimentario, pues a nivel país y sobre todo global, la demanda de volumen es tan significativa que una empresa por sí sola no es capaz de darle respuesta. De igual forma, la asociatividad permite enfrentar los riesgos de mejor forma, así como reducir -o diluir- los costos fijos de acuerdo a las economías de escala. 

A modo de ejemplo. Sin la asociatividad sería impensable que hoy los productores vitivinícolas del Valle del Itata puedan exportar sus vinos. O incluso algo mucho más básico, como embotellar en envases de 750 centímetros cúbicos, que es lo que está haciendo la cooperativa Covincen de Quillón, que mediante un modelo asociativo y el apoyo estatal han sacado adelante una inversión en activo fijo que individualmente no habrían podido asumir. 

Entonces, si el objetivo es abrir mercados y competir a nivel internacional, hay que aceptar que el tamaño de las pequeñas y medianas empresas agropecuarias de la zona no es suficiente para asumir los costos que ello involucra ni para satisfacer los volúmenes de demanda. Entre apicultores y hortaliceros hay también positivos ejemplos de asociatividad.  

Lamentablemente, debemos reconocer que se trata aún de casos excepcionales y adscritos a un segmento del mundo agrícola. La asociatividad no es un concepto que esté muy internalizado por los empresarios, donde se conjugan factores como la desconfianza, el individualismo y la idiosincrasia. Pese a ello, muchos de los prejuicios son derribados cuando los productores, conscientes de sus debilidades, aceptan ser parte de un proyecto colectivo y obtienen beneficios por ello. 

En el caso de los proyectos asociativos de fomento de Corfo, por ejemplo, se subsidia el 50% de todas las actividades relacionadas con el diagnóstico o bien con la etapa de desarrollo, donde se contempla la elaboración de un plan de trabajo asociativo y su implementación. Además de ello, una vez constituidos como unidades económicas con personalidad jurídica y patrimonio propio, las empresas que logran sobrevivir al entusiasmo inicial pueden optar a numerosos programas de apoyo, lo que les permite mejorar su competitividad, invertir en activos fijos, desarrollar estrategias de marketing y difusión, capacitar a sus miembros y dar mayor valor agregado a la producción. 

Ante tan contundente batería de subsidios estatales y oportunidades, resulta poco comprensible que aún existan productores con un gran potencial de crecimiento y desarrollo y con evidentes ventajas comparativas, que aún no se atreven a crecer.

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