Ciudad vertical y desarrollo periférico

Por: Claudio Martínez Cerda 2017-04-26
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

El urbanista chileno Marcial Eceheñique, en una interesante entrevista, devela una propuesta que hizo al Ministerio de Vivienda durante la administración Frei, con el objeto de evitar el fenómeno conocido como  “ciudad vertical”, que concentra una gran cantidad de viviendas pequeñas en edificios de gran altura. Según Echenique, la limitación de la expansión urbana encarece de tal modo el valor del suelo que solo es rentable en edificios de gran altura y con una gran cantidad de departamentos en su interior. Esto permite bajar los gastos comunes, entre otras economías de escala, pero perturba severamente la calidad de vida de la ciudad por el aumento de la congestión vehicular y la saturación de los espacios públicos. 

En países como Estados Unidos o España han decidido demoler algunos de estos conjuntos, pues se han transformado en guetos de tráfico y consumo de drogas, proliferación de pandillas entre otras actividades ilícitas, además de la degradación de la construcción y del barrio por el uso que va más allá de su capacidad de carga. La solución, afirma Echenique, es potenciar las ciudades periféricas con buenos servicios, comercio y espacios recreativos, además de buena conectividad con la gran ciudad. 

Si extrapolamos lo señalado a la discusión sobre la densificación de Chillán, se puede concluir que la densificación del centro, flexibilizando la norma respecto a los estacionamientos, solo agravará la situación con el consecuente deterioro de la calidad de vida. Por lo mismo, en materia de planificación urbana  se requiere rigor, prudencia y una visión de largo plazo, toda vez que pueden significar cambios radicales que -quiérase o no- afectarán nuestro entorno, de tal manera que, como ha sucedido en otras ocasiones, los ciudadanos pierden una condición básica para la preservación de la ciudad, esto es identidad y sentido de pertenencia. 

Por lo mismo, no es descartable estudiar seriamente la propuesta de Echenique, esto es  potenciar el desarrollo de los pueblos que circundan Chillán, dotándolos de buenos servicios y de buena conectividad, al estilo de grandes urbes como Madrid o Londres, que no tienen grandes edificios en altura, salvo en zonas periféricas a los centros históricos. En este sentido San Carlos, San Nicolás y Bulnes tienen el problema de la conectividad resuelto, y trenes de cercanías son perfectamente posibles. Hay que considerar, además que la asimetría de población entre Chillán-Chillán Viejo (200.000 habitantes) versus las localidades periféricas (solo San Carlos tiene más de 50.000 habitantes), es de  tal desproporción que afectará el desarrollo territorial de la futura región. 

Transformar estas localidades en ciudades intermedias aliviará ciertamente la presión que hoy existe sobre Chillán y sus servicios. Por ello cualquier decisión de modificación del Plan Regulador que tenga por propósito densificar Chillán y aumentar la altura de edificación, debe considerar una visión macro de largo plazo, con participación de todas las entidades y comunidades de la futura región. De otro modo se puede reproducir el vicio del centralismo interno, como ocurre hoy en nuestra relación con Concepción. 

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