Biblioteca celebra aniversario y se prepara para los 100 años

Por: Carolina Marcos Fotografía: Víctor Orellana 08:40 PM 2016-03-30

Hace 97 años, el tesón del alcalde de la época, José María Sepúlveda Bustos, logró instalar la primera biblioteca pública de la ciudad. El espacio se ubicó en el segundo piso del entonces Teatro Municipal, enclavado en donde hoy  funciona la Casa del Deporte, y sirvió como una fuente inagotable de creatividad a varios chillanejos que con el paso del tiempo alcanzarían fama nacional e internacional de la mano de las letras.


Sin ir más lejos, en sus mejores años una joven escritora llamada Marta Brunet realizaba “cuenta cuentos”  para los más pequeños. Armando Lira, Walterio Millar, Tomás Lago y Alfonso Lagos Villar también lograron reunir a un grupo de incipientes escritores y poetas en torno a la literatura chillaneja que cada vez ganaba más adeptos. 


Así lo recuerda el actual director de la Biblioteca Volodia Teitelboim, Humberto Torres, quien se ha dedicado durante los últimos años a reunir la historia en torno al espacio con el fin de encarar la celebración de los cien años de la biblioteca, enfocado en la conservación del patrimonio histórico que encierra el lugar. 


“La comunidad también le dio importancia a este espacio. Se organizó, donó libros y asistió a las actividades que desarrollaban estos tremendos personajes literarios. Se hizo historia y es el patrimonio el que debemos relevar ahora”, advierte. 


Una de estas historias es la que está alojada en la contratapa de un libro llamado “Nuestra señora de París”. Este libro fue donado a la biblioteca en nombre y honor a un pequeño de 13 años que murió durante el terremoto de 1939 y que se llamó Gabriel Rifo O’Ryan. “La idea es que podamos averiguar más datos sobre este niño y sobre la familia, porque el libro aún lo tenemos”, precisa el director.


Tras el terremoto de 1939, lo que se logró rescatar fue trasladado a la Escuela México que tres año más tarde abrió sus puertas. Ahí se mantuvo hasta la década de los cincuenta, cuando la comunidad se organizó para trasladar los libros hasta otro sitio. “Luego estuvo en el municipio, en calle Herminda Martín y en donde está actualmente el INP. En 1990 llegó a su actual ubicación”, recuerda. 


En 1973, y según recuerda la ex bibliotecaria Rosita Lara, las fuerzas militares también quisieron arrasar con los textos, sin embargo, solo se quemó un pequeño porcentaje.  


De cara al centenario
Humberto Torres cuenta que son tres los ejes que marcarán la vida de la biblioteca en los próximos tres años. “El primero dice relación con la construcción de más pabellones dentro de la misma casa para entregar un mejor servicio a la población. Este es un servicio a la comunidad por esto queremos mejorar los espacios”, argumenta. 


Dentro de este ámbito, el director quiere seguir realizando proyectos en torno al fomento lector, en el que la biblioteca ha estado trabajando con éxito durante los últimos años, sobre todo desde la primera infancia. Solo por estos días se confirmó que todos los miércoles se realizarán actividades formativas enfocadas en los más pequeños. 


El patrimonio es otro de los puntos del centenario. “Queremos montar un rincón en donde rescatemos la memoria de Ñuble, sobre todo considerando que vamos a ser región. Vamos a desarrollar todo un trabajo de investigación en esta línea, primero interviniendo los 15 libros que tenemos y que corresponden a la primera edición de libros infantiles de la Editorial Nacimiento. Es la primera colección chilena”, advierte. 


“Las bibliotecas son lugares democráticos. El año pasado fuimos reconocidos por el Consejo de la Cultura y las Artes como ente eficaz de fomento lector. Todo esto gracias a la actividad Kamishibai, una técnica de ‘cuenta cuentos’ enfocada a los más pequeños. Adicionalmente, hemos mejorado nuestra oferta en estanterías agregando las novedades, tenemos cursos gratuitos de computación y un rincón especial para los niños”, agrega Torres. 


El director cuenta que actualmente funciona el Grupo de Amigos de la Biblioteca Municipal, una asociación literaria que se llama “Navegando por las letras”. Los jóvenes también tienen su espacio a través de la organización de conciertos. “La comunidad nos ve como un espacio de desarrollo. Ahí radica la necesidad de extender nuestra infraestructura. Incluso, recibimos a personas que más que leer, a veces entran para capear el frío”, cuenta satisfecho por lo logrado. 

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