Venta de alcoholes

Por: La Discusión 11:40 AM 2017-04-23

Con cierta frecuencia se observa a grupos de vecinos denunciar los efectos negativos del funcionamiento de locales nocturnos en barrios residenciales, y la solicitud es básicamente la misma: restringir el horario de expendio o lisa y llanamente caducar la patente de alcoholes al cuestionado recinto. En Chillán, las cifras muestran un exceso de patentes de alcoholes, como consecuencia de la entrega indiscriminada de permisos en la década pasada. De hecho, en el caso de las patentes limitadas, éstas llegan a 468 en la comuna, cifra que supera con creces la recomendación de la Intendencia (300). Conviene mencionar, sin embargo, que ha habido un esfuerzo de parte de la actual administración por reducir ese número, que hace tres años llegaba a las 550 patentes.

En la nueva ordenanza de alcoholes que la Municipalidad pretende promulgar en el corto plazo y cuya discusión al interior del Concejo se ha dilatado excesivamente, son tres los aspectos con los que se buscará administrar de manera más eficiente la entrega de los permisos y controlar su buen uso: restricción horaria en la comercialización de bebidas alcohólicas, participación vecinal de manera consultiva en el otorgamiento de nuevas patentes y la fijación de un mecanismo que permita la reducción gradual en el número de autorizaciones vigentes.

En ese contexto, la operación de algunos pubs, bares, restaurantes y discotecas que concentran su actividad en la noche, se ha convertido en una pesadilla para muchos vecinos, que deben convivir con ruidos molestos provenientes del interior de estos establecimientos, así como también deben ser testigos de riñas, gritos y actos vandálicos en las inmediaciones de estos locales, provocando un natural empeoramiento de la calidad de vida en dichos barrios. Desde la otra vereda, sin embargo, tanto empresarios como clientes argumentan que se trata de situaciones excepcionales y que no es justo condenar a un rubro de gran dinamismo y potencial de crecimiento, que no solo genera empleos, sino que también ofrece alternativas de entretención en una ciudad que ha definido al turismo como uno de sus ejes de desarrollo económico.

Frente a este debate, es clave que la ciudad sea capaz de conjugar la libertad de emprender con la calidad de vida de sus habitantes, en un marco de respeto a la legislación y con una perspectiva de fomento a la inversión. Para lograr ese delicado equilibrio es que resulta fundamental que la comuna pueda contar a la brevedad con una ordenanza de alcoholes moderna, que dé respuesta a las demandas de la comunidad y cuya implementación vaya acompañada de una adecuada fiscalización, que en la práctica es la única herramienta capaz de diferenciar entre aquellos empresarios irresponsables que no se hacen cargo de las externalidades negativas de su negocio, y aquellos que consideran el respeto al entorno como parte de su accionar.

Asimismo, la planificación territorial vuelve a presentarse como una de las grandes tareas pendientes de la gestión comunal, pues si se definieran zonas de la urbe con vocaciones específicas, tal como el Plan Regulador establece una zonificación especial para industrias molestas, sin duda tendríamos una ciudad más ordenada y amable con sus vecinos y visitantes.

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