[Editorial] Un proceso perfectible

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 2017-04-20

Un censo nacional de población es mucho más que un mero acopiamiento de datos o un recuento globular tendiente a satisfacer inquietudes o curiosidades de carácter estadístico. Es un paso imprescindible hacia el conocimiento de nuestra realidad social y humana. Por su carácter voluntario y masivo, el proceso de ayer fue también un acto cívico integrador. Este hecho es -por sí solo- una circunstancia alentadora y auspiciosa, tal como lo destacaron profusamente las autoridades de Gobierno. 

Sin embargo, tan optimista y previsible mirada de la autoridad no debe llevarnos a un conformismo irreflexivo, pues miles de ciudadanos no fueron censados, hubo exceso de encuestadores en algunas locaciones y muy pocos en otras y reiteradas críticas al cuestionario, principalmente por la ausencia de preguntas sobre temas que la ciudadanía considera importantes, como la religión, discapacidades y tenencia de mascotas, entre otros. 

Lo cierto es que los censos son muy variados y los hay básicos o súper exhaustivos, con cuestionarios breves o cargados de preguntas. El nuestro fue de los primeros y recayó en 520 mil censistas que a pie y puerta a puerta completaron a mano las respuestas de los vecinos, a diferencia de lo que ocurre en otros países del mundo, donde apelan a formularios online, canales y páginas en redes sociales.

En Francia, por ejemplo, los habitantes pueden completar las planillas y enviarlas por Internet, lo mismo en Estados Unidos, España, Suiza y Australia, y en nuestra región, en Brasil y Colombia, donde los estados han hallado en la tecnología una importante aliada por su rapidez, seguridad, posibilidad de encuestar en forma remota, eficiencia y ahorro de costos; aunque por el contrario sus desventajas tienen que ver con la barrera que a veces supone su uso, así como en muchos casos por los cambios normativas que hay que promover para ejercerlas.

Como contrapartida, en nuestro país la última “gran revolución tecnologica” en esta materia data de 1982 y corresponde al lector óptico que detecta las marcas hechas con lápiz en el cuestionario preimpreso y las envía a un computador. 

Hay aquí una importante mora, que se asocia no solo a la necesidad de modernizar los sistemas para relevamientos poblacionales, sino toda la institucionalidad, respecto de la cual existe un proyecto de ley en el Parlamento presentado hace 4 años y que debería avanzar con mayor celeridad, pues no es aceptable que un país con el nivel de desarrollo que ostenta el nuestro, cuente con un organismo estadístico (el INE) obsoleto en su normativa y estructura organizacional.

Por último, es de esperar que los responsables del manejo institucional del proceso transparenten a la brevedad cuántos hogares quedaron sin censar, se completen con celeridad esas lagunas y toda la información recogida sirva para trazar una imagen real del país y operar sobre ella con políticas que den relevancia a los elementos positivos y minimicen los negativos. De ser así, el ejercicio de ayer habrá adquirido sentido, trascendencia y plena justificación. Sabremos, en ese caso, cuántos y cómo somos y ese conocimiento será un resorte apto para contribuir a poner en marcha las grandes tareas que sigue reclamando Chile.

 

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