Lectura y salud mental

Por: José Luis Ysern de Arce 2017-04-18
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

En el mes de abril, en homenaje a Shakespeare y a Cervantes, celebramos el Día Mundial del Libro. Una efeméride que nos sirve para recordar la importancia de la lectura y cómo el hábito de leer contribuye a nuestra salud mental, porque gracias a esa buena costumbre nos hacemos ágiles de mente y espíritu. Hoy estamos saturados de imágenes, sacamos fotos de todo, las llevamos en el bolsillo y desde nuestros teléfonos las enviamos a los amigos a casi la velocidad del relámpago.

Pero por mucho que digamos que una imagen vale más que mil palabras, eso no es verdad siempre. La imagen tiene gran fuerza y potencia cuando se trata de causar un determinado impacto o de proporcionar una información precisa en pocos segundos. Pero cuando se trata de nuestra formación personal, cuando se trata de tomar conciencia de algo y de la formación y robustecimiento de nuestra mente, nada hay mejor que la lectura. 

Gracias a la lectura vamos adquiriendo nuestra manera propia de pensar, desarrollamos nuestro sentido crítico, nuestro propio criterio. A diferencia de la imagen -donde se nos da todo hecho sin mayor esfuerzo- en la lectura cada uno va construyendo su acopio de imágenes a partir de las ideas contenidas en las palabras que lee. En ese proceso ponemos de la propia cosecha lo mejor que atesoramos de conocimientos, fantasías, imaginación, recuerdos, asociaciones mentales, etc. En una palabra: al concentrarnos en la lectura ponemos en marcha la actividad cerebral que de una manera feliz moviliza nuestra estructura cognitiva y mental. 

Gracias a la lectura ejercitamos nuestra mente de una manera más activa; el esfuerzo de concentración que nos pide la lectura comprensiva -entender lo que leemos- logra que nuestra mente se oxigene, actualice y vitaminice. Gracias a la lectura no nos apolillamos mentalmente, retardamos los efectos del envejecimiento y nos defendemos del Alzheimer. En Chile leemos poco y muchas personas no entienden bien, con prontitud y precisión lo que leen. Eso no dice nada bueno a favor nuestro; la persona que no lee se anquilosa y embrutece, suele ser de mente estrecha y expresarse mal al escribir. 

Todos sabemos las graves consecuencias sociales que afligen a la humanidad por culpa de personas de mente estrecha cuando llegan a ocupar puestos de mando y alguna responsabilidad jerárquica en la institución que sea. Son dogmáticas, de pensamiento obtuso, autoritarias, negadas al diálogo, impositivas de sus ideas. ¿Por qué será que entre las costumbres de los dictadores aparece tarde o temprano la quema de libros? Lo peor es que después de los libros son las personas las que acaban en la hoguera o en la cámara de torturas. Ahí está el origen de las inquisiciones y del perfil psicológico de los dictadores de cualquier signo, antiguos y modernos. 

Al contrario, dedicarse a la lectura equivale a abrir nuestra mente, a gozar de la vida con altura de miras, a tomarse en serio el desarrollo de la autoestima; leer mucho y bien nos ayuda a ser hombres y mujeres sanos, limpios de mente y corazón, festivos y gozosos. No en vano decía Gabriela Mistral que para ella los libros y la lectura eran una fiesta y “hasta una euforia”.

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