Expertos analizan proyecto de 40 horas semanales

Por: Roberto Fernández Javier Ochoa / Diario Concepción Fotografía: Mauricio Ulloa 11:30 PM 2017-04-09

Vivir para trabajar, o trabajar para vivir. Esencial reflexión para cualquier persona que hoy trabaja las 45 horas semanales que imperan obligatoriamente en el mercado laboral chileno.

Y es la parte medular que inspiró el proyecto de ley presentado por la diputada comunista Camila Vallejo que busca rebajar a 40 horas semanales sin modificar las remuneraciones de los trabajadores. Y pese a una resistencia inicial por parte de sus pares, finalmente se votó la idea de legislar.

Y esta idea ya ha generado un arduo debate, incluso a nivel de ministros de Estado: el de Hacienda, Rodrigo Valdés, ha dicho que no lo apoya si es que no involucra un cambio paralelo de los salarios, porque lo que no podemos hacer es ponerle más carga a la economía en un momento en que requerimos más empleo”. 

Productividad
Pero ¿qué tan factible es disminuir las horas de trabajo semanales de 45 a 40 en Chile?

El académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad San Sebastián, Javier Irarrázaval, recordó algo importante: “el 2005 bajamos de 48 a 45 horas semanales. En los años de discusión previos a la promulgación de la ley, pocos lo veían factible. Y aquí estamos, con 45 horas para el mundo privado, y tan solo 44 para el empleado público.

El criterio para avanzar en ese sentido, añadió, es la evaluación del costo en términos de productividad. “Desde que redujimos la jornada a 45 horas semanales Chile ha producido más por trabajador de lo que se producía antes. Es difícil eso sí adjudicar la causalidad del aumento de productividad a la reducción de las horas semanales trabajadas. Lo que sí se puede afirmar, es que no hay evidencia de que una reducción de la jornada laboral en Chile conduzca a una caída en la productividad”.

Sin embargo, la presidente de la CPCC, Elizabeth Gómez, sostuvo que en un país creciendo a las menores tasas de los últimos años, “no parece razonable la iniciativa de disminuir la jornada de trabajo sin antes mejorar la productividad laboral. La productividad de las horas trabajadas debiese ser el foco”, subrayó, sumando como foco de atención el mejorar la educación, capacitar más, flexibilizar el mercado laboral y avanzar en políticas públicas que promuevan la inclusión de mujeres y jóvenes al mundo del trabajo. 

En esta misma línea, el economista de la UDD, Carlos Smith, acotó que “es un mal proyecto en la coyuntura que hoy tenemos y que vamos a tener por un par de años más. Creo que es ponerle una cuota extra de estrés al mercado”. 

En tanto, para el académico de la Facultad de Economía y Negocios de la UNAB, Camilo Cornejo, en este minuto, una disminución en el trabajo semanal llevará a “liberar” 5 horas improductivas, incrementando el bienestar personal y familiar, lo que generará trabajadores “más felices”. 

“Pero el hacer un trabajador más feliz no solo se enfoca en reducir las horas trabajadas, y mejorar la productividad por hora, se debe tomar el ejemplo de los alemanes, quienes en solo 35 horas duplican (o más) nuestra productividad horaria, debido a cuatro puntos que, culturalmente, posee: destinar las horas de trabajo a trabajar, mejorar la comunicación interna de la organización, fomentar la vida fuera del ámbito laboral y la posibilidad de compaginar la paternidad y maternidad con el trabajo. Por lo cual, la reducción de horas laborales es solo un paso en esta mejora, la cual nos llevará, sin duda, al objetivo tan esperado, el bienestar social”.

El economista del Centro de Estudios de Corbiobio, Ariel Yévenes, puntualizó que se aprecia complejo el aplicar una medida de esta naturaleza sin mediar incrementos importantes en la productividad del trabajo. “Por lo mismo, es difícil pensar en que la medida puede hacerse en plazos cortos, toda vez que los incrementos de productividad implican tanto fuertes impulsos de inversión, como también, procesos de fortalecimiento de capital humano y ambos elementos no suelen darse en plazos muy cortos”.

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