[Editorial] Economía y política

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:35 AM 2017-04-04

Al preguntarnos por la causa del bajo crecimiento de la economía chilena que se extiende  por más de tres años, resultaría equivocado intentar asignarle la explicación solo a un factor, pues es evidente que detrás del fenómeno interactúan una serie de elementos.

Por una parte, nadie puede desconocer el impacto negativo del fin del ciclo de oro de la inversión en minería, como tampoco el menor dinamismo del comercio mundial, o la profunda crisis sufrida por importantes economías latinoamericanas.

Sin embargo, en coyunturas externas mucho más complejas que las de los últimos años, la economía chilena no había anotado cuatro años consecutivos de caída en la inversión y no solo en la minería, sino en general en todos los sectores productivos. 

El ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés ha atribuido el grueso de la explicación a un fenómeno estructural, restándole responsabilidad al accionar del Gobierno en este pobre desempeño económico.

Tal defensa es entendible, pero negar que reformas mal diseñadas y torpemente negociadas, como la tributaria y la laboral, no han afectado significativamente las decisiones de inversión, es intentar tapar el sol con un dedo. La evidencia es concluyente. Más allá del efecto directo de bajar la rentabilidad de la inversión por un aumento de los impuestos o costos, ambas reformas, por lo engorrosas que son, han dejado muchos espacios indefinidos, a la espera de interpretaciones y reglamentos que no terminan de conocerse plenamente.

Lo cierto es que, al menos para 2017, la “suerte” en materia económica ya está bastante echada. El Banco Central ayer redujo su proyección de crecimiento para este año a un rango de entre 1% y 2% desde el 1,5%-2,5% estimado en diciembre, ante la evidencia de que la inversión no da muestras de recuperación. Además, hay preocupación por el consumo, que ha logrado sostener hasta ahora un crecimiento bajo pero estable, pero que podría perder fuerza ante el deterioro del mercado laboral. 

En ese contexto, Ñuble anota signos preocupantes, pues el desempleo aumentó en casi un punto respecto del año pasado y la precarización laboral se incrementa. Por otra parte, hay una cartera de inversiones privadas que supera los 200 millones de dólares que está “congelada” y lo mismo podría decirse de las inversiones públicas más importantes en la zona, como el embalse La Punilla y el nuevo hospital de Chillán, que además de recursos requieren voluntad política, factor difuso y escaso para un Gobierno que va de salida.

El cuadro de la incertidumbre se completa con las elecciones de este año, pues a diferencia de procesos anteriores, en que el impacto del ciclo político sobre el económico era bajo, porque se asumía una continuidad en lo grueso de la conducción, en la presente elección, el impacto puede ser significativo y los agentes económicos están muy atentos.

Existen muchos proyectos “en carpeta” a la espera de que se aclare quién será el próximo presidente o presidenta y cuáles serán sus medidas tendientes a recuperar la confianza de los inversionistas, en pos de retomar el extraviado camino de crecimiento de la economía nacional.

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