Adiós de Abraham marcará la crónica de un fracaso anunciado

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Fernando Villa 2017-04-01

¿Cuál fue el principal pecado de Pablo Abraham, que hoy lo tiene en el ojo del huracán?

“No ganar más partidos”, responde seco el técnico argentino de Ñublense, tratando de disimular su hastío por las críticas a la campaña de su equipo, que marcha subcolista.

El entrenador argentino vive sus últimas horas en la banca chillaneja.

La dirigencia que integra el bloque de la Corporación ya decidió proponerle al máximo accionista del club, Patrick Kiblisky, un “cambio de aire en el banquillo”.
El martes, vía teleconferencia, los dirigentes “históricos” liderados por el timonel Jorge Silva tratarán de llegar a un consenso con resultados e informe en mano del presidente de la Comisión Fútbol Álvaro Izquierdo.

“Esto es dinámico, y hay que tomar medidas”, adelanta Silva.

Kiblisky, que tras la derrota ante Magallanes en la capital respaldó la continuidad de Abraham hasta diciembre, mes en el que expira su contrato, ahora estaría abierto a buscar una salida anticipada.

El accionista está al tanto de la insoportable presión de la hinchada y la prensa, que estiman que el segundo ciclo de Abraham al mando de Ñublense llegó a su fin.

Es que si bien la dirigencia le pidió que le diera tiraje a la chimenea, esperaba que el equipo estuviera en la mitad de la tabla o a lo más décimo, pero jamás imaginó convivir con el fantasma del descenso como subcolista.

No sería la primera vez que el entrenador argentino no alcanza a terminar un proceso al mando de Ñublense.

Su primera vez

El 2013 dejó Curicó Unido en Primera B, para dirigir a Ñublense en Primera División. Su estilo “vertiginoso” sacó rendimiento y el equipo trepó del fondo al séptimo lugar. Sin embargo, el plantel terminó desgastado, Abraham tuvo una tensa relación con algunos “referentes” y fue desvinculado antes que finalizara el proceso.

En la actualidad, se repetirá la historia. Hoy si pierde, lo más seguro es que deje el banco para que asuma un interino. Si gana, solo se prolongará su agonía hasta fines del presente torneo, porque el balance es “negativo”.

Factores

Abraham creyó que con su metodología de trabajo podría sacarle rendimiento a un plantel plagado de jugadores inexpertos en la categoría y otros valores jóvenes que provenían de una deficiente cantera.

En el camino no fue capaz de encontrar una regularidad, ni menos de matizar el ataque directo, su apuesta ofensiva, con el fútbol construido. Abusó de un esquema, el 4-3-3, sobreexigiendo a jugadores con múltiples tareas que terminaban por desgastarlos en cancha. A la postre, no defendían ni atacaban bien. La falta de calidad en su plantel también le pasó la cuenta.

“Puede ser, pero eso se verá al final del torneo”, recalca Rojas, capitán de Ñublense.

Abraham, palpitando su adiós, asumiendo que es el chivo expiatorio de un proyecto fallido, se resigna: “Al final del torneo veremos en qué se falló. Y a ver cómo seguimos”.

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