El factor agua en la agricultura de Ñuble de la próxima década

Por: Roberto Fernández Fotografía: Fernando Villa 08:15 PM 2017-03-29

Cuando se plantea la importancia de contar con agua para el riego, en el caso particular de la Provincia de Ñuble esta necesidad constituye la palanca hacia el desarrollo de una agricultura más competitiva, la diferencia entre continuar definiendo inversiones agrícolas sin la certeza de contar con agua suficiente, o trabajar con un horizonte de largo plazo en el desarrollo de proyectos agrícolas y agroindustriales de alta rentabilidad. 


En ese sentido, se estima que de concretarse los tres grandes proyectos de embalse en la zona cordillerana (La Punilla, Zapallar y Chillán) y los cinco tranques de menor tamaño en el secano (Kaiser o Niblinto, Lonquén, Ránquil, Quilmo y Changaral), cuando éstos estén operando en régimen, el panorama económico de Ñuble será radicalmente distinto. De hecho, en lo que respecta a los tres grandes embalses, ese escenario podría ser realidad en la década del 2030, aunque algunos dirigentes locales son más bien escépticos con dicho pronóstico.


“En el supuesto que se construyan todas las obras de almacenamiento que están en proyecto, y considerando el desplazamiento de la agricultura de mayor valor desde la zona norte hacia Ñuble, y por otro lado, las humildes proyecciones de rubros como los granos y lechería en nuestra zona, es que sin duda veríamos un paisaje muy diferente”, manifestó Martín Arrau, director de la Junta de Vigilancia del río Ñuble y uno de los principales promotores del proyecto embalse La Punilla, en San Fabián.


“Yo apostaría -continuó Arrau- a un aumento no despreciable de la superficie de frutales más demandantes en mano de obra, como berries y cerezos, y un aumento explosivo en especies con mayor grado de mecanización, tales como avellano europeo, nogal, berries para congelado, e incluso, viñas”.


Según el estudio “Evaluación agroeconómica del sector de influencia de riego del embalse Punilla”, elaborado en 2009 por MdeA Consultores Ltda. por encargo de la Dirección de Obras Hidráulicas del MOP, para la elaboración del proyecto de embalse, se prevé que uno de los principales cambios que se observarán en la zona de influencia del embalse La Punilla será el incremento en un 259% de la superficie de frutales y vides, que pasarán de las 3.648 hectáreas que existen actualmente, a unas 13.112.


Una mirada similar es la que planteó el presidente de la Junta de Vigilancia del río Chillán, Héctor Jaque, quien defiende la necesidad de avanzar en el proyecto de embalse Chillán.


Desde la perspectiva de Jaque, “sin duda que cuando estén operando los embalses vamos a tener una agricultura orientada a la exportación; al haber más agua, habrá más incentivos para expandir los cultivos, no solo los tradicionales, como el trigo y la remolacha, sino que preferentemente los frutales, y eso será gracias a la seguridad de riego que proveen los embalses, será una región agrícola con todas sus letras”, enfatizó.


En el secano, en tanto, que por definición no cuenta con riego, salvo algunos predios en los que se han construido tranques privados, el cambio será mucho más radical, porque permitirá dejar atrás la agricultura de subsistencia de pequeños productores, factibilizando el desarrollo de cultivos de mayor valor.


Otros efectos
El mejoramiento de la infraestructura de riego, lo que no solo considera la construcción de embalses, sino que también obras en canales que permitan llegar con el agua a los predios, así como inversiones en tecnificación, también tendrá otros impactos en la economía local.


“Se debe considerar que el mayor beneficio de las obras de riego es capturado solo en un 18% por los beneficiarios directos (los regantes) y el restante 80% se reparte en beneficios para los demás actores de la cadena, como trabajadores, transportistas, agroindustria, etcétera, por lo que el paisaje de los valles también cambiaría en aspectos como el bienestar de su gente, se verían mejoras en las casas, autos más nuevos, mejoras en caminos, etcétera”, expresó Arrau.


Al respecto, Jaque apuntó a un fuerte crecimiento en la infraestructura agrícola y agroindustrial. “Será necesario contar con obras de almacenamiento, con recintos para el procesamiento de alimentos, con más packing, con más cámaras de frío, entre otras instalaciones, donde la agroindustria será un actor mucho más relevante, orientada a la agregación de valor de la producción”.


De igual forma, comentó que inevitablemente este proceso también se traducirá en una mayor competencia por el uso del suelo, que se reflejará en mayores precios, “que es algo que ya se está viendo en algunas zonas, debido al explosivo crecimiento de los cultivos frutícolas, que han ido desplazando a otros cultivos menos rentables”.


En ese contexto, el mejoramiento de la infraestructura vial también se menciona como una consecuencia lógica de este proceso.


Estado de los proyectos
En el caso del embalse La Punilla, cuya concesión fue adjudicada el año pasado a la empresa italiana Astaldi, que debiera comenzar su construcción a fines de este año o principios del próximo, su operación permitirá dar seguridad de riego del 85% a 70.143 hectáreas, el doble de la cobertura de riego seguro que brinda hoy el río Ñuble, que alcanza a 35 mil hectáreas.


En cuanto al proyecto de embalse Zapallar, en cuya actualización de estudios está trabajando la Dirección de Obras Hidráulicas, se prevé que se licitará su construcción el próximo año, lo que permitirá completar el megaproyecto Canal Laja-Diguillín, que si bien se terminó de construir en 2008, aún tiene pendiente el desarrollo de obras importantes en canales, que permitirán aumentar la superficie de riego para completar 44.630 hectáreas, a las que se sumarán otras 10 mil hectáreas gracias al aporte del Zapallar.


En tanto, el embalse Chillán, en el sector Pellines, en Pinto,  asoma tercero en la priorización de la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH). Y si bien su estudio de prefactibilidad arrojó resultados positivos en 2015, de acuerdo a lo expresado por el director regional de la DOH, Rinaldo Marisio, su construcción podría comenzar recién en 2023 por razones de financiamiento. Con el embalse Chillán se aumentará desde las 6 mil hectáreas regadas actualmente con poca seguridad, a 20 mil hectáreas con seguridad del 85%.


Respecto de los cinco embalses de menor tamaño que se proyectan para el secano (Valle del Itata), el Lonquén y el Kaiser (Niblinto) corren con cierta ventaja para ser priorizados, debido a que sus estudios están concluidos, sin embargo, tampoco se descarta que el próximo Gobierno se aceleren los embalses estacionales Changaral, Quilmo y Ránquil.

Comentarios