Siqueiros: manual para abordar la delincuencia

Por: Claudio Martínez Cerda 2017-03-29
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Cuando entramos a la biblioteca de la Escuela México, la policromía desbordante, las formas que emergen de los murales de Siqueiros, parecen colmar nuestra capacidad de observar. Luego con más calma emergen los detalles, los que vistos en escala más cercana, constituyen un universo y una historia particular que se integra o desprende del conjunto, según sea la dirección en la cual realizamos la observación. 

En el muro norte que corresponde a la historia de México, en el ángulo superior derecho, se encuentra la figura de Benito Juárez que se funde con la de Lázaro Cárdenas, que era el Presidente de México en 1939 y quien envía a Siqueiros a Chillán. Su brazo izquierdo está coronado con un puño de hierro, el que se trasforma al moverlo hacia adelante en una mano abierta y enfundada con un guante blanco. Con la otra mano sostienen ambos la carta constitucional y el libro con el gorro frigio, símbolo internacional de la libertad y el republicanismo. 

El mensaje es claro: en el marco de la Constitución y la república como soporte democrático hay espacio para una mano firme, pero a la vez amable. Y si lo extrapolamos al problema que enfrenta Chile en materia de delincuencia, la metáfora que emerge de estos murales de valor universal es perfectamente aplicable. 

Es necesario actuar con una mano firme, pero amable a la vez. Qué significa esto. Que la mano de hierro aplicada sin la mano enguantada y abierta, es simplemente represión y castigo. A su vez, la mano enguantada sin la mano de hierro es simplemente paternalismo y permisividad. Por consecuencia, para enfrentar el problema de la delincuencia en Chile, debemos dejar atrás la agobiante discusión y acusaciones de mano blanda por un lado y de excesos policiales y represivos por otro. 

Este problema no es blanco o negro como magistralmente lo grafica Siqueiros en sus murales. Enfrentar el fenómeno de la delincuencia, sus causas y consecuencias, es un proceso dinámico que debe combinar el puño de hierro con el guante blanco y la mano abierta, que representa la posibilidad y el esfuerzo de todos por la rehabilitación y reinserción de quienes han cometido delito. 

Hoy estamos inmersos en un sentimiento social y ciudadano, que solamente quiere ver como solución la mano de hierro, “mano dura”, según la expresión de la calle. “Que los sequen en la cárcel” es otra de las expresiones más comunes, donde se mezclan la rabia con un deseo de castigo definitivo, más que de justicia.  

Por cierto se trata de una aspiración legítima y acorde con los tiempos que vivimos. Pero si junto a la mano dura, de hierro, no hay una salida que contribuya a la posibilidad de sacar al delincuente del circuito del crimen, especialmente a los más jóvenes, estamos en un callejón sin salida. 

En otro escenario, el puño de hierro de Siqueiros es lo que espera la gente para los terroristas de La Araucanía, a su vez la mano enguantada y abierta simboliza la integración del pueblo mapuche con todos sus derechos y tradiciones a la nación chilena.

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