El cáncer Rojo

Por: Rodrigo Oses 2017-03-27
Rodrigo Oses

La historia se repite. En Ñublense es cíclica. Y nadie parece poder extirpar el cáncer que está consumiendo a la institución.

Las nefastas decisiones de la sociedad anónima a nivel deportivo terminan obstruyendo todo objetivo competitivo, sacrificando entrenadores y deteriorando planteles.

La potencial salida de Pablo Abraham de la banca técnica, no alcanzará a tapar el gran error de una dirigencia que solo por ahorrarse dinero, sin ninguna empatía con el público chillanejo ni sentido del espectáculo y la competitividad, armó un plantel para marcar el paso.

Más que el técnico argentino, que algo también tiene que decir en esta pobre campaña, los grandes responsables de la penosa crisis deportiva que vive el equipo, hoy subcolista del torneo de la Primera B, son los dirigentes de la Corporación, el máximo accionista Patrick Kiblisky, el gerente deportivo Rubén Espinoza y el gerente general Hernán Rosenblum.

Todos se equivocaron a la hora de apostar por un proyecto que solo se sustentaba en el factor económico. Claro, porque internamente, sabían que la cantera del club no estaba lista para dar frutos que brillaran en el profesionalismo, pero era mejor vender humo y decir “que este año la idea es darle tiraje a la chimenea”, poniendo en riesgo el patrimonio deportivo y el prestigio de la institución. A diferencia de otros clubes, que manteniendo el respeto por su hinchada y el espíritu de competencia, armaron equipos de jerarquía para lugar por un objetivo superior.

Los jugadores de este plantel, en su mayoría de pobre calidad, también son responsables, pero era predecible proyectar un bajo nivel de futbolistas que ni siquiera habían jugado en la categoría, y con refuerzos de dudoso presente.

Con esta dirigencia y controladores, el fracaso deportivo seguirá siendo el sino de un Ñublense que ahora da pena.

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