Si es chileno, es bueno

Por: Renato Segura 2017-03-27
Renato Segura

Cómo un escándalo mundial, fue catalogado las adulteraciones de carnes en la industria brasileña. De acuerdo a los trascendidos en los medios de prensa, las empresas modificaban las fechas de vencimiento, utilizaban productos cosméticos para modificar el aspecto de los productos y utilizaban químicos para evitar el mal olor del producto, que estaba en estado de descomposición.

Parte de dichos bienes, ingresaron al mercado chileno para competir con la producción de carnes de origen nacional. En un mercado, donde las carnes importadas han llegado a mostrar diferencias de hasta un 40% respecto a su símil obtenida del productor nacional. 

El efecto de esta coyuntura, para la Región del Bío Bío, ha sido catastrófico para la industria. De acuerdo a los registros de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, Odepa, hace 10 años la producción local anual de carne ovina en varas, alcanzó casi los 300 mil kilos. La producción anual se empinó hasta alcanzar una cifra récord de casi 1 millón de kilos en el año 2011. Sin embargo, a partir de 2012 y hasta el 2016 (último registro) el ajuste a la baja fue brutal. La producción de 2012 superó levemente los 240 mil kilos, mientras que el 2016 la producción se redujo a 66 mil kilos.

La prensa regional, en el año 2012, explicaba el colapso de la industria por el ajuste a la baja de la demanda mundial de carne ovina, especialmente en Europa, principal cliente de la carne ovina de la región. Esto condujo a los productores un sobre stock que superó el 60% respecto del 2011; las ventas se redujeron en 50% y los precios de venta cayeron entre 25 y 30%. Es decir, un infierno para la industria local.

Mientras este fenómeno azotaba de igual forma a los grandes productores del Hemisferio Sur de América (principalmente Brasil, Uruguay y Argentina) y los tratados de libre comercio en los que Chile estaba embarcado, el mercado chileno se constituyó en una de las alternativas para que dichos países pudiesen comercializar su exceso de producción, hundiendo de paso, a los productores de la Región del Bío Bío.

Uno de los principios básicos de la economía de mercado, considera que, para bienes con alto grado de sustitución, el diferencial de precios debiese ser muy bajo. Para igual tipificación de la carne, un diferencial de 30% o 40%, supone una transferencia brutal de consumidores a la demanda del producto de menor valor (es lo que ha ocurrido en la práctica).

¿Pero la carne brasileña es comparable a la carne chilena? Con las recientes noticias provenientes de Brasil, la respuesta parece ser obvia: si la carne es chilena, es buena. Pero, ¿qué ha ocurrido con la industria local, mientras dicha información se mantuvo oculta? Los precios generaron un enorme daño en las decisiones de inversión, muchas de las cuáles, a pesar de la nueva información, los altos costos de ajustes impedirán su reasignación.

¡Cuidado! El ruido que contiene la información de precios, generados por la asimetría de información en mercados donde la calidad del bien no es una variable observable, puede constituirse en una fatalidad para la industria en Chile. Los fenómenos que están viviendo, en la actualidad, la industria del acero y la agroindustria, dan cuenta de esta preocupante realidad.

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