Mechoneos de antaño: más respeto, menos violencia

Por: Carla Aliaga Fotografía: Archivo La Discusión 10:05 PM 2017-03-25

Cada año miles de jóvenes que entran por primera vez a la universidad son sometidos a una serie de bromas que, muchas veces, no resultan tan alegres como se esperaba.

Lo que antes era un recibimiento alegre y divertido que simbolizaba el paso de la inocencia escolar a la pre-madurez universitaria, poco a poco se fue transformando en un acto engorroso. 

Las semanas mechonas con el tiempo cayeron en excesos y más que una bienvenida pasaron a ser motivo de temor para los que ingresan por primera vez a la educación superior. Por todo, las federaciones de estudiantes y las autoridades académicas comenzaron una serie de campañas destinadas a acabar con las vergonzosas situaciones que se puedan producir durante este período.

Tradición perdida
Pedro Melín, profesor asociado de la Universidad de Concepción en el Departamento de Ingeniería Agrícola, relató que recibió el mechoneo en el año 1970 en la UdeC, en el campus Concepción. “Nos llevaron a una sala a recibir una charla de un profesor que era csai un premio Nobel y finalmente nos hacían un test de evaluación de lo que habíamos podido captar, por su puesto fue un chacoteo porque al final las respuestas aparecieron publicadas y fue motivo de risa de todos los estudiantes que pasaban cerca del diario mural”, relató el profesional.

Melín cuenta además que al año siguiente, cuando le tocó el turno a él para mechonear, estando en Chillán junto a sus compañeros, cobraron una cuota para costear la fotografía del carné estudiantil que entregaría el suspuesto centro de estudiantes que, por supuesto, no existía. “Esa cuota se juntó para hacer un asado en conjunto con los profesores de recepción a los mechones, junto con los cursos superiores”, compartió Melín. 

Al igual que muchos de su generación, extraña aquella participación que involucraba a varios estamentos, además de los estudiantes.

“Echo de menos esa participación tanto de todo el cuerpo académico, como de los compañeros de cursos superiores de segundo año que hacían una recepción cordial a los mechones”, compartió el ex estudiante de la UdeC en los 70’.

En los años siguiente, Pedro Melín como dirigente estudiantil, le tocó apoyar estas iniciativas. “Lo que hacíamos más atrevidamente era preparar un desayuno escolar que consistía en un ponche de fruta con vino de la zona, por lo tanto se pedía permiso al profesor que estaba dictando la clase a los mechones y se pasaba sirviendo el ponche que tenía que ser brindado y bebido por todos, incluyendo al profesor. Alternativamente podía ser una ‘chupilca’, vino tinto con harina tostada y azúcar. La maldad también consistía en marcar la frente de los estudiantes de primer año de Agronomía con la letra ‘A’ con nitrato de plata, la que quedaba por aproximadamente por un mes”, contó el académico.

Para Pedro Melín, claramente esta tradición se ha ido desvirtuando en manifestaciones más agresivas como quitar el zapato para pedir dinero en la calle. “Se ataca directamente las pertenencias, porque si no se vuelve con dinero, las cosas se pierden, todo ha ido empeorando. El costo que tiene para un estudiante recuperar sus cosas y su cabello es muy alto”, sostiene Melín.

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