El factor importaciones en la crisis de la ganadería

Por: Roberto Fernández Fotografía: Mauricio Ulloa 09:05 PM 2017-03-26

La crisis por la que atraviesa la industria de la carne en Brasil, el llamado escándalo de carne adulterada “carne débil”, y que derivó en la suspensión de las importaciones de la mayoría de sus mercados, entre ellos Chile (se mantiene la suspensión precautoria para 21 mataderos), reflotó la denuncia que de manera sostenida viene planteando el gremio ganadero local en los últimos años, respecto de una competencia desleal de parte de los productores del Mercosur.

Según Carlos González, presidente de Fedecarne y de Aprocarne Ñuble, en Chile el sector ha debido enfrentar la competencia “desleal” de la carne proveniente del Mercosur, con precios más bajos, pero que aseguró, no son solo el resultado de menores costos de producción, sino que de subsidios estatales y del ingreso de carne de menor calidad que no cumple con las normas de tipificación chilena. “Es un tema que le hemos planteado a la autoridad, ya que se requiere mejorar la fiscalización en destino, porque no se puede pretender que los fiscalizadores estén en las 80 plantas faenadoras de Brasil que están habilitadas para exportar a Chile”.

En términos simples, González ha dicho que en algunas faenadoras del Mercosur están rotulando mal la carne que se envía a Chile, haciendo creer a los consumidores que se está adquiriendo una carne tipo V, pero en realidad se trata de una carne de inferior calidad o “una vaca vieja”.

No obstante lo anterior, el seremi de Agricultura, Rodrigo García, ha reiterado que “existen mecanismos de control por parte de las autoridades nacionales que fiscalizan en origen el cumplimiento de la normativa chilena y el control que se ejerce a nivel local de etiquetado de carnes”.

Distorsiones de precios
Respecto a la denuncia por una eventual competencia desleal, García afirmó que “no hay ninguna acusación al respecto, no obstante, cabe señalar que Chile cuenta con las instituciones respectivas que se encargan de sancionar si se dictaminara algún caso al respecto”.

Si se revisan las estadísticas de las importaciones de carne bovina a Chile, se observa que entre 2005 y 2016 el volumen pasó de 131 mil toneladas a 169 mil toneladas -un aumento del 29%-, lo que representa cerca del 50% del consumo nacional.

De este volumen, los principales mercados de origen son: Paraguay (42%), Brasil (38%), Argentina (14%), Estados Unidos (4%) y Uruguay (2%).

A partir de estos datos, el director del centro de estudios Cerregional, Renato Segura, reconoció que “existe un efecto negativo en los productores locales, toda vez que las importaciones vienen a sustituir consumo de carne de origen nacional. De acuerdo a datos de Odepa, el consumo aparente de carne bovina se ha mantenido en torno a los 23 kilogramos por habitante. Los menores precios, frente a una demanda interna relativamente estable, el costo lo asumen los productores nacionales que ven reducirse la demanda interna”.

Consultado por las eventuales distorsiones de precios que ha introducido la importación de carne más barata, Segura manifestó que “existen asimetrías de información respecto de variables como la calidad de la carne o los subsidios a la oferta, por ejemplo, que introducen distorsiones en los precios. Este fenómeno produce un daño irreversible en la capacidad instalada de los productores locales. En mi opinión, la estructura de los tratados de libre comercio orientaron a la industria chilena hacia los commodities. Esto ha generado un daño permanente a distintos sectores industriales, que han enfrentado una situación de desamparo frente a la competencia de productos de importación. La agroindustria y la siderurgia han sido sectores afectados por esta realidad, sectores que están en el corazón de la matriz productiva de la Región del Bío Bío”.

En ese sentido, el economista planteó que “Chile debe emparejar la cancha en materia de garantizar que las exigencias productivas a la industria que opera en el territorio nacional, sean homologables a los productos que ingresan al país. Los productos de importación que incumplan dicho protocolo, debiesen ser sujeto de aranceles adicionales”.

Pérdida de masa ganadera
Una de las principales consecuencias de esta distorsión en los precios ha sido el frenazo del sector ganadero bovino en el país, que no solo se ha estancado, sino que ha evidenciado una progresiva pérdida de cabezas en la última década, un proceso que se ha acelerado en los últimos años y que ha generado preocupación en el rubro debido a que también se ha reflejado en una pérdida de vientres, lo que según el gremio equivale a hipotecar el futuro de esta actividad.

Entre 2007 y 2015, el número de cabezas en Ñuble cayó un 22,1%, y en el caso particular de las vacas y vaquillas la disminución llegó al 17,3%, según el INE.

Según Carlos González, la situación es el reflejo del mal momento que vive el rubro, “que se ha visto afectado por la competencia desleal de los productores del Mercosur”, por la presión de la fruticultura por el uso del suelo y por la escasez hídrica.

De acuerdo a la encuesta de ganado bovino 2015 del INE, las principales causas de la disminución de la masa ganadera en Ñuble son la baja rentabilidad del rubro (23,3%) y la sequía (22,5%).

Un diagnóstico similar es el que hace el decano de Agronomía de la Universidad de Concepción, Guillermo Wells, quien es experto en producción animal. El académico identificó la volatilidad de los precios y las importaciones de carne como las principales amenazas al sector ganadero local. “Mientras se siga importando carne sin respetar los estándares de calidad que se exigen a los productores nacionales, y se mantenga la gran duda respecto a la calidad de carne que ingresa al país, el crecimiento y desarrollo del sector ganadero se verá perjudicado”.

Sin embargo, Wells coincidió con González respecto de la presión por el uso del suelo de parte de los cultivos hortofrutícolas en Ñuble. “Estos rubros requieren los mejores suelos y siendo su rentabilidad mayor, desplazan la ganadería a zonas más marginales”.

Además, un factor no menor que ha favorecido este escenario ha sido el aumento de las exportaciones chilenas de carne, así como de ganado vivo, debido a una mayor demanda mundial y a los mejores precios internacionales.

Según cifras de Odepa, las exportaciones chilenas de carne de bovino alcanzaron las 7.387 toneladas en 2016, un crecimiento de 28,8% en  comparación con 2015.
González explicó que el aumento de los envíos de ganado en pie favorece a los crianceros, lo que califica como positivo, pero advierte que exportar vacas reducirá las opciones de crecimiento del sector en el corto plazo.

Caminos de solución
Frente a este escenario, los expertos coinciden en que uno de los caminos de solución debiera ser la apuesta por la calidad como una forma de mejorar la competitividad  del sector exportador y fortalecer el rubro ganadero.

“El único camino viable para Chile es buscar una mayor calidad de la producción interna, para lograr mejores retornos y volúmenes de exportación. En este sentido, lo ocurrido con Brasil abre una oportunidad para productos de mejor calidad, donde la trazabilidad, la raza y el control de enfermedades, de la masa ganadera y sus productos asociados, sean la constante en los parámetros de producción de carne en la industria nacional”, planteó Segura.

Asismismo, el decano de Agronomía UdeC sostuvo que “el rubro ganadero en nuestra provincia debiera buscar producir animales homogéneos, que generen un producto de calidad y diferenciado, utilizando recursos que permitan aumentar el número de animales por hectárea”.

Desde la perspectiva del gremio, la solución a este problema pasa por enfrentar los factores que han debilitado al rubro, como las distorsiones de precios en el mercado local, pero además, por implementar políticas de incentivo a la retención de vientres. “En Chile no existe una política y no hemos tenido una respuesta del Gobierno, pese a que hace más de diez años estamos planteando esta situación”, concluyó González.

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