Cuesta abajo

Por: Rodrigo Oses 2016-03-28
Rodrigo Oses

Ver jugar a Ñublense en la actualidad es una verdadera tortura. Una invitación a deprimirse. A sacar hora de inmediato con el siquiatra.

Jugadores que no corren, trotan. Jugadores que le entregan pases al rival, y no vuelven para recuperar. Jugadores que no son capaces de amortiguar un balón y encarar. 

Jugadores con escaso ritmo de competencia, que defienden con guante blanco y atacan con una venda en los ojos. Jugadores sin convicción ni amor propio. 

¿Y qué tenemos?

Un equipo desorientado en cancha, con un entrenador que ya no encontró las variantes en la banca para arreglar este dilema después de meter tanto cambio, cuyo, quizás, principal pecado, fue confiar demasiado en valores experimentados que le fallaron en cancha.

Pero que en realidad, han sido pura decepción. Y no solo uno. Varios. Un grupo grande de jugadores que llegaron con cartel, pero que ayer y prácticamente, todo el torneo, decepcionaron. Rentería, Rieloff, Torres, Toro, Silva, Carou, Briceño, López, Herrera. La lista es larga. No es posible que el más rescatable sea Luis Flores, un jugador que hace cuatro años que no jugaba en el profesionalismo. Un ejemplo de superación. Cuando la oncena tuvo a Varas le alcanzó con lo justo, pero bastó que se ausentara el goleador para que se viniera el descalabro. 

Pura impotencia ofensiva y pobre gestación. Un equipo sin intensidad de juego ni vértigo. Sin agresividad, que juega a 10 kilómetros por hora. Ayer sólo reaccionó cuando se vio en desventaja, pero antes, dormitó en la cancha. Una vergüenza considerando que, se supone, se jugaba la vida por entrar a liguilla. Le fallaron al técnico, que también asume sus errores, y a toda una ciudad que se cansó de tanta falta de compromiso, y en algunos casos, exclusivamente, de una falta de calidad técnica impresentable. Fracaso rotundo. 

La derrota de ayer sólo confirmó la deficiente estructuración de un plantel que incluyó algunos nombres, pero no valores capaces de dar vida a una idea de juego que consolidara una ilusión que ayer se quebró en mil pedazos.

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