Mario Avendaño

Por: Rodrigo Oses 2017-03-20
Rodrigo Oses

Don Mario era un personaje entrañable. Un viejo lindo. Un viejo loco. Un viejo lleno de vida y anécdotas.

Recuerdo que en el marco de la investigación que realicé para escribir la edición “Ñublense: 100 años de pasión”, me costó meses lograr que diera una entrevista.

Pero fue noble y comprensivo. Más que una entrevista, fueron charlas sobre la vida misma y del club de largas horas.

Yo calculo seis encuentros en el Hotel Claris, en un céntrico café y hasta en el hall del Diario La Discusión.

A paso lento, cargando sus casi 95 años, sus miles de historias y anécdotas, y luciendo una memoria privilegiada, me dio la oportunidad de penetrar en sus vivencias.

Esas que, por su bajo perfil, no le gustaba compartir con la prensa, solo con sus amigos incondicionales del Mercado de Chillán con quienes compartía a diario una buena “pichanga”, un buen vino pipeño y hasta un plato de porotos con riendas. Era que no, si en más de una oportunidad me dejó esperando en un café porque el encuentro pactado con sus “amigos” para comer y hablar de fútbol era más importante. “Rodrigo, juntémosnos mañana mejor, te parece?”, me decía de imprevisto, pero siempre responsable y deferente para no dejarme plantado.

Si Ñublense hoy sigue vivo en el fútbol chileno es merced al gran legado de Don Mario Avendaño, que se la jugó con el alma para ver a su querido club en el profesionalismo.

Un ex timonel y gerente técnico intachable, de gran disciplina y fundamentalmente, un apasionado por Ñublense, club en el que invirtió todo el dinero de su retiro militar, para ver feliz a toda una ciudad. Don Mario, gracias y descanse en paz.

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