"No es verdad que los niños me tiene miedo, es más, todos me quieren”

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Mauricio Ulloa 10:45 PM 2017-03-18

Los colores de algunos autos que se fugaban en el horizonte era lo único que rompía la aletargante postal del celeste del cielo y el verde de los árboles de Coihueco. Uno de los autos se detuvo y unos jóvenes de poleras caras y pelo engominado se bajaron a saludar al dueño del fundo.

Eran detectives de Concepción, quienes aprovechando un fin de semana libre, vinieron a comerse un asado a Coihueco, sabiendo que el dueño del fundo les dijo que “el hombrón que está allá hace los asados como los dioses”. Con un gesto llamaron al asador de manos enormes, brazos más grandes y de espaldas que habrían soportado el peso de una mula.

“Y ahí estuve, poh. Toda la tarde con ellos que eran detectives, y ni supieron quién era el que les hizo el asadito”, cuenta Magno Sandoval Villalobos, el prófugo más buscado de la región y uno de los supuestamente más peligrosos de Chile, según los ránkings televisivos. 

“El Magno”, así no más, sin apellido bastaba para identificarlo, se hizo una fama que hasta antes del 2010, cuando el terremoto de febrero le dio la jubilación a los muros de la cárcel de Chillán, no se habría imaginado jamás. Su vida era por lejos más cercana a la del cautivante Rubén Olmos del cuento “Lucero” de Óscar Castro que a la de un ícono de la delincuencia, pero el gigante de San Fabián, condenado a cuatro  años de cárcel por colaborar en el tráfico de marihuana, arrancó por las calles oscuras de la noche inolvidable.

“Qué iba a saber por dónde arranqué si no conozco Chillán, me fui no más y punto. Me acuerdo que cuando empezó el terremoto todos los viejos que estaban adentro se pusieron a gritar y a llorar. Yo esperé que salieran todos, me quise ir de los últimos porque así era menos peligroso bajar la escalera. ¿Miedo? No. Yo no le tengo miedo a nada”, revela a LA DISCUSIÓN, ya libre, con sus penas pagadas y sentado bajo el árbol de un predio en donde arregla una casa en San Fabián.

Las investigaciones fiscales aseguran que el Magno, conocedor como nadie de los faldeos cordilleranos sanfabianinos que conectan Chile con Argentina, se asoció con un traficante penquista, Michael Silva, para cruzar desde ese país 16 kilos de marihuana, siendo detenidos en la Ruta 5 Sur por la PDI en 2009. 

Llegar a él no es tan fácil, pese a que en San Fabián no hay quien no pueda, con solo un par de movimientos del dedo índice, precisar con exactitud dónde queda su casa. Quien abre la puerta es su esposa, una mujer prodigada con un rostro lleno de carácter, como de esos que no admiten debate, alta y de piernas gruesas. “No está, no va a llegar y no tiene teléfono”, son los primeros obstáculos a sortear.

“Es que le han hecho mucho daño y tantas mentiras que han dicho. ¡Que los niños le tienen miedo, inventaron! ¿A quién se le pudo ocurrir semejante lesera, si acá lo quieren todos, sobre todo  los niños que siempre les piden que les preste un caballo para pasear”, relata.

“Esa noche, hice dedo y una persona me recogió, le dije que le pagaba si me llevaba para San Fabián y me fue a dejar. Llegamos de madrugada”, revela.

Tomó un par de mudas, comió y antes de que amaneciera se montó en un caballo y se internó en las montañas, su hábitat, los brazos maternos del que nadie lo podría arrancar. “La verdad es que todos sabían que yo estaba acá y cómo encontrarme, pero no podían”, cuenta.

Fue una noche de tormenta, cuando al Magno lo fue a ver su esposa con su guagua, que sintieron el traqueteo de un helicóptero y debió huir. “Esa noche lo único que quería era morirme. Con mi hija en brazos tuve que pasar por un portillo, era más fácil irse montaña abajo que quedarse en pie. El viento, la lluvia, la oscuridad eran un infierno, pero desafío a cualquier mujer a hacer lo que hice. Yo soy sanfabianina y nadie me la gana en la montaña”, relata la mujer del Magno.

Una noche, la del 20 de agosto de 2014, “yo escuché el ruido cuando ya estaban encima, no hice nada, ¿para qué? En la cárcel de San Carlos me trataron bien, hice hartos amigos. Cuando volví estaba lleno de gente que me vino a saludar. El resto, y espero que lo entiendan de una vez por todas, son puras mentiras”.

“Por más de 20 años crucé de Chile a Argentina con mi papá, es peligroso. A un amigo se le cayó su caballo por la quebrada”.

Estoy dolido con la PDI y con los fiscales. Digo yo,¿pa’ eso estudean cinco años, pa decir mentiras. Yo no traficaba marihuana y ellos lo sabían”​

“Cuando me vinieron a allanar la casa  rompieron todo, se llevaron un cuchillo con mango tallado. ¿Para qué?”

 

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