Pobreza diabla

Por: Rodrigo Oses 2017-03-06
Rodrigo Oses

La riqueza futbolística en el plantel de Ñublense es tan escasa que ayer bastó que faltaran en cancha Gaspar Páez y José Loncón para que el equipo perdiera toda línea creativa.

Por eso, como expresión de juego, el lance con Santiago Morning, fue una bofetada a los hinchas que pagaron una entrada.

Mucho pelotazo, pierna fuerte, pelotas al contrario, despejes, balones sin destino, jugadas truncadas y más de un encontrón tras una fricción.

La verdad, de fútbol, se vio muy poquito. Sobre todo en Ñublense, que jugando como local, jamás impuso sus términos o sometió a su rival con la pelota en sus pies.

Quizás por esta misma pobreza futbolística, Pablo Abraham tiende a reforzar más la estantería que a asumir riesgos con ambición para ganar.

Por eso, asumiendo que la pobreza ofensiva y creativa de su equipo era tan patente, y el crecimiento del rival también, mandó a Elvis Acuña a sumarse como un soldado de guerra en la trinchera.

Porque entiende que con lo que tenía en cancha, era difícil atacar con claridad. Pero se equivocó igual, porque se quedó sin posesión de balón en la zona media y facilitó el tránsito frenético del cuadro microbusero en los últimos minutos.

Ñublense había perdido la pelota, no la administraba. Era el momento de meterla en un congelador. De tenerla, de acariciarla, de hacer jugar al equipo con una dosis de anestesia. De defenderse con el balón, sin desesperarse. Quizás con el ingreso del colombiano Rivera, Ñublense habría contado con al menos un valor que pudiera tomar la pelota, y administrarla con criterio y calidad técnica, ese rasgo tan esquivo ayer en el pobre equipo de Ñublense que jugó más a los pelotazos y a luchar con un equipo que fue más guapo. Pero si Abraham se equivocó en el cambio, fue también porque desde el inicio del torneo, cuenta con un pobre plantel donde cuesta mucho encontrar calidad para ganar y siempre será más fácil echar mano a una pieza para destruir o defender.

Comentarios