Trabajar a gusto y sin estrés

Por: José Luis Ysern de Arce 2017-03-02
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

Se acabaron las vacaciones en Chile, ha llegado marzo y todo el mundo vuelve a su trabajo. Benditos los buenos trabajadores que trabajan bien y producen lo que haya que producir, felices de la vida. 

Así como es cierto que no por mucho madrugar amanece más temprano, también es cierto que no por mucho trabajar se trabaja mejor y se produce más. Bastantes estudios existen en psicología laboral y organizacional donde se demuestra que muchas horas trabajando, muchas horas en la oficina o empresa, muchas horas en el colegio, no significan que el resultado sea más y mejor. Hay lugares donde trabajando menos horas obtienen mejores resultados. 

El trabajo es una bendición para el ser humano. Al trabajar, todas las personas normales se sienten bien porque se sienten útiles. Alguien cuyo objetivo de vida fuera holgazanear el día entero, ir ocioso de un lado para otro metiéndose en vidas ajenas y sin hacer nada, sería alguien seriamente afectado por alguna tara psicológica. Las personas normales quieren trabajar, buscan emplearse lo más pronto posible en algún lugar donde se sientan realizadas. Por eso el desempleo al alza que existe en algunos países es una mala noticia que lamentamos sinceramente. Queremos para Chile que todos los hombres y mujeres en edad laboral puedan encontrar el trabajo que les guste y que en él se sientan felices de la vida. 

¿Cómo hay que trabajar para sentirse feliz de la vida? Uno es feliz en su trabajo, primero que todo, porque siente gusto, placer y cierto encanto en lo que hace. Siente que eso que es su trabajo coincide con su vocación: se ve llamado a eso, ve que tiene cualidades para ello, y además, se alegra al ver que gracias al producto de su trabajo está sirviendo a otras personas, quizá anónimas. Es posible que nunca conozca a los beneficiados con su trabajo, pero no importa: sabe que a alguien está haciendo bien con su esfuerzo y creatividad. 

Así nos encontramos con otra característica del buen trabajador: la motivación. Efectivamente, una persona que trabaja en lo que le gusta, que se siente realizada al ver que el resultado de su trabajo contribuye al bien de otros, es una persona que se siente motivada para seguir perfeccionando su mismo trabajo y su propia calidad profesional. Su motivación le animará a buscar sin tregua el continuo perfeccionamiento. 

Vocación y motivación, he ahí los primeros y fundamentales ingredientes para trabajar a gusto y sin estresarnos. Por eso decíamos al principio que no por mucho trabajar, o por trabajar más horas, se logran mejores resultados. 

Pero todavía nos falta otro ingrediente básico para que el resultado sea ideal, es decir, para que obtengamos los dos objetivos de un buen trabajo: un producto de alta calidad, y una satisfacción personal de alta calidad. Estoy pensando en el clima o ambiente laboral. Seguro que los lectores de estas líneas conocen excelentes personas, de gran calidad humana y profesional, pero que no duraron mucho en determinado trabajo porque el ambiente laboral allí reinante era irrespirable: envidias, divisiones, dimes y diretes, murmuraciones por lo bajo, zancadillas, aduladores serviles que ante el jefe parecen modelos de perfección pero que en su ausencia no cesan de manipular su teléfono celular con adicción casi patológica. Para que un trabajo sea productivo y genere bienestar personal y social, ajeno a todo estrés destructivo, es necesario contar no solo con buenos trabajadores sino con un buen clima laboral donde reine mucha paz, profundo respeto interpersonal y gran sentido de mutua colaboración.

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