Cesantía “senior”

Por: 08:20 AM 2017-02-28

Un estudio realizado por el Cerregional reveló hace unos días el sostenido aumento de las tasas de desempleo en el segmento etario de 45 a 54 años, a partir de 2014, lo que se vincula estrechamente con el proceso de desaceleración de la economía chilena.

La pérdida de puestos laborales, según explica el estudio realizado por el investigador Renato Segura, tiene como contrapartida una disminución de la desocupación en segmentos más jóvenes. 

Se observa que para el trimestre octubre-diciembre de 2014, por ejemplo, mientras en el segmento “senior” el desempleo escaló 0,5% en comparación con igual periodo de 2013, en el grupo de 15 a 24 años la tasa de desocupación se redujo 0,9%. En el mismo trimestre de 2015, en tanto, la cesantía de los mayores creció 0,3%, mientras que la de los jóvenes bajó 0,8%. Y el año pasado la tendencia se mantuvo, con un alza de 0,2% en el desempleo de los mayores de 45 y una baja de 0,6% en los más jóvenes.

Si se observan las cifras de crecimiento de la economía se revela que coincidentemente, a partir de 2014, comenzaron a percibirse los efectos de la desaceleración económica, con una variación del PIB de 1,9%, la cifra más modesta de la década hasta ese entonces, muy inferior al 4,1% que se registró en 2013. En 2015 y 2016, en tanto, las tasas de crecimiento del PIB fueron 2,1% y 1,5%, respectivamente, aunque la última cifra aún es preliminar.

Según la evidencia empírica, se trata de un fenómeno que está afectando de manera transversal tanto a profesionales como no profesionales, en todas las regiones del país, aunque con matices, y está asociado a l a sustitución de personal más calificado por personas con menos experiencia.

Según estadísticas de remuneraciones del INE, en los últimos años se viene observando un aumento sostenido de los salarios de los trabajadores con mayor antigüedad, un proceso que habría jugado en contra de muchos trabajadores en una época de “vacas flacas”, pues según explica el economista Renato Segura, el insuficiente nivel de inversión y desarrollo tecnológico de los procesos productivos genera un uso intensivo de mano de obra, en que se privilegia la contratación agregada de personas con un menor nivel de calificación y, por tanto, con una menor productividad.

Esta precarización del mercado laboral que viene siendo advertida en estas páginas hace más de un año, y que se caracteriza por la alta informalidad de los empleos, los bajos salarios y la demanda de trabajadores de menor calificación, tiene implicancias tanto para la economía local como para los propios trabajadores.

En el caso de estos últimos, quienes hoy están enfrentados a una alta vulnerabilidad, una percepción que ha sido confirmada por distintas encuestas de expectativas aplicadas en la zona, se abre la interrogante respecto del futuro de sus cotizaciones previsionales, precisamente en un escenario en que se debaten propuestas para extender la edad de jubilación.

A nivel macro, en tanto, este fenómeno no ayuda a mejorar los niveles de productividad y contribuye, sin duda, a potenciar el proceso de migración de talentos hacia otras regiones y a ahuyentar la llegada de otros.

A partir de lo anterior, es conveniente insistir que en la medida que se mantenga la actual situación de baja inversión y bajo crecimiento, el mercado laboral no será “amigable” para el segmento “senior”, por lo que el único camino de solución que se vislumbra es recuperar las tasas de inversión que se venían observando hasta antes de 2014, una misión en la que el Estado tiene un rol relevante, no solo como actor directo a través de las políticas fiscal y monetaria, sino que por su deber de brindar condiciones favorables para la inversión, como la certeza jurídica.

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